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Cazorla: "Algunos esperaban ver a un jugador medio cojo"

Diario- Ladislao J. Moñino 12/11/2019
El único superviviente de la España de los bajitos relata su dura recuperación tras dos años sin poder jugar y la motivación de que su hijo le volviera a ver sobre un campo de fútbol
 

Santi Cazorla (Lugo de Llanera, Asturias; 34 años) es el último representante de la España de los bajitos que gobernó el fútbol mundial entre 2008 y 2012. Las vetas de canas en sus sienes delatan el paso del tiempo, pero su sonrisa permanente aún ameniza las concentraciones. Su sorprendente regreso a la selección, en marzo pasado, se produjo tras superar dos años de inactividad por una lesión en el tendón de Aquiles y una bacteria que le comió ocho centímetros del tejido dañado. Algunos médicos le dieron por retirado e incluso le advirtieron de que podría perder movilidad para la vida normal. "Cada día hago trabajo en la camilla para descargar la zona del tendón. Mi fisio, a raíz de la lesión, me advirtió de que incluso para la vida normal tengo que cuidar esa zona para no tener dolores. En el tendón ya no siento dolor, en otras zonas sí, porque intento compensar, uso más la pierna izquierda. Pero son dolores por sobrecargas. Nada grave que me impida jugar", afirma.

Pregunta. Regresar a la selección debió de ser lo último en lo que pensaba.

Respuesta. Para nada lo pensé, no me esperaba muchas cosas, pero lo de la selección mucho menos, era lo más remoto que podía suceder. Volver a jugar al fútbol ya era un éxito. ¡Imagínese poder optar ahora a ir a la Eurocopa! Era impensable, lo estoy disfrutando, pero también tengo que asimilarlo.

P. Un encuentro con el presidente del Villarreal, Fernando Roig, y su excompañero Marcos Senna fue clave en su vuelta.

R. Sí, yo estaba haciendo la recuperación entre Vitoria y Salamanca y el Villarreal jugaba en Mendizorroza. Me puse en contacto con Senna y con Fernando para ver si podía ir al partido y me llamaron para cenar. Me preguntaron cómo estaba de mi lesión y me dijeron que si necesitaba algo tenía las puertas abiertas. Estaré eternamente agradecido a ellos y al club. A partir de ahí, empezamos a tener más contacto y me ofrecieron ir a entrenar allí sin ningún tipo de presión para luego, según me vieran, decidir si me hacían o no contrato.

P. El contrato fue de meritorio, un fijo más una cantidad por partido jugado. ¿Lo vio bien?

R. Es normal. ¿Quién iba a poner la mano en el fuego por un jugador que llevaba dos años sin jugar por una lesión tan grave y con una edad importante? Era consciente de que ese era el contrato que me podía esperar. Yo tenía que demostrar a todo el mundo que podía volver a jugar.

P. Le dijeron que con que tocara bien el balón era ya suficiente.

R. Cuando empecé a entrenar, ellos esperaban ver a un jugador en peores condiciones, medio cojo o con muchos problemas, pero yo venía entrenando en solitario y tenía buenas sensaciones. Creo que se sorprendieron desde el primer día de ver lo bien que había llegado. Eso fue bueno para el club y para mí.

P. Tras varios diagnósticos que le recomendaban retirarse, solo usted parecía creer.

R. En dos años hay momentos de todo tipo, de querer tirar la toalla porque no avanzas, pero querer demostrar a la gente que, como es normal, daba por hecho que no volvería a jugar, era una motivación extra. El esfuerzo de mis hijos y de mi mujer, de mi familia, también quería compensarlo volviendo a jugar.

P. ¿Sus hijos fueron un impulso definitivo?

R. Mi hijo es un enfermo del fútbol —a mi hija le gusta menos—, y me preguntaba por qué no jugaba y qué problema tenía. Era difícil explicárselo, solo tenía ocho años y no lo entendía. Era una motivación que él me volviera a ver jugar y ahora lo disfruta.

P. ¿Qué fue lo más duro?

R. Separarme de mis hijos. Pasaba de lunes a viernes fuera de casa, el fin de semana volvía a Asturias, y el lunes me volvía a ir. Fue muy duro cuando ellos lo dieron como algo rutinario. Mi hijo me decía: "Te vas y ya no te veo hasta el viernes". En esos momentos es cuando me planteé si merecía la pena seguir adelante. Eran una o dos horas, pero luego ya cambiaba el chip y volvía trabajar para regresar.

P. Su presencia en la selección puede interpretarse como que el relevo generacional no ha terminado de darse.

R. No lo sé, sí es verdad que la edad influye en pensamientos dirigidos a si se están haciendo bien las cosas, pero la edad es un número y el seleccionador no lo mira. No creo que porque vengan jugadores como yo, como Jesús [Navas] o como Raúl [Albiol], quiera decir que el seleccionador no esté eligiendo bien. Los jóvenes tienen que ir aportando cosas a la selección. El relevo sí se ha dado, lo que sucede es que no se han conseguido títulos. El problema es que lo que se ha logrado antes hace que las nuevas generaciones tengan más presión.

P. ¿Qué piensa cuando se compara esta selección con la de la época dorada?

R. Es un error, porque cada generación tiene su estilo. Estos son otros futbolistas y compararlos con una generación que logró algo que va a tardar en volver a conseguirse es meterles presión a los que están llegando. Hay que darles confianza, ahora también hay futbolistas de calidad.

P. Para usted que jugó con los bajitos, las sensaciones en el campo no deben de ser las mismas que ahora, ¿no?

R. Está claro, cada futbolista es diferente y el estilo de jugadores que teníamos antes no es el de ahora. Si nos ponemos a ver futbolistas como Silva, Iniesta, Xavi, Xabi Alonso... Ahora tenemos a Fabián, que es un jugador espectacular, pero con otras características, a Saúl que es igual... Entonces, el estilo cambia, pero no tiene que ser ni mejor ni peor. Igual es una selección más física, pero la filosofía es la misma. El seleccionador nos quiere inculcar que la base para el éxito es jugar a la pelota, que es lo que sabemos hacer. Tenemos esos jugadores físicos con llegada, pero el estilo sigue siendo el control del balón y crear peligro jugando desde atrás. La idea no ha cambiado, pero hay que adaptarse al tipo de futbolistas que se tienen.

P. El mismo problema que tenían en la etapa final del Del Bosque aparece de nuevo: la dificultad para ser dañinos con el toque cuando los rivales se encierran.

R. Es verdad que en la última etapa con Vicente nos costaba porque teníamos mucha gente por detrás del balón y pocos por delante, teníamos mucho la posesión, los rivales se encerraban y era difícil crear ocasiones. Ahora tenemos que aprovechar esos jugadores de segunda línea que tenemos o a otros como Sarabia, con desborde y que aparecen para generar peligro.

P. Hay jugadores y entrenadores que dicen que ya no se puede jugar como hace ocho años, que el paradigma a seguir es el de las transiciones rápidas del Liverpool de Klopp.

R. El fútbol ha cambiado, el aspecto físico lo ha igualado todo mucho más. Antes, el equipo más técnico marcaba las diferencias, ahora cuando no igualas lo físico sufres.

P. ¿Cómo se ha adaptado a este fútbol más físico e intenso?

R. He tenido que cambiar, ser más inteligente para leer mejor los partidos en lo individual y en lo colectivo. Tengo una edad y el físico cada día va a peor.

P. Del Bosque le veía como el sustituto de Xavi y Wenger ya le hizo jugar de mediocentro.

R. Es una posición a la que me he ido adaptando. Antes jugaba más en banda o de segunda punta. Me siento cómodo porque entro mucho en juego.

P. Le habrá venido bien ser ambidiestro.

R. Sí, en banda solo puedes ir hacia dentro porque está la línea. Centrado tienes salida por los dos lados.