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Nadal, sin vuelta atrás ante Medvedev

Diario- Alejandro Ciriza 12/11/2019
El balear se juega su continuidad en el Masters contra el desgastado ruso, el tenista con más partidos este curso y al que venció en la agónica final del US Open. "Intento recuperar mi nivel", dice el de Moscú
 

El día después de una velada dolorosa, Rafael Nadal luce buena cara. Se ejercita en la Pista 1 del complejo del O2, alejado del público y miradas indiscretas, mientras su responsable de comunicación, Benito Pérez-Barbadillo, charla largo y tendido detrás de una cristalera ahumada ubicada en lo alto con su padre Sebastià. A pie de pista observan el doctor Ángel Ruiz Cotorro y el fisio Rafa Maymò para cerciorarse de que la evolución del abdominal termina de consolidarse; mientras, Carlos Moyà supervisa y puntualmente corrige. No hay signos negativos, sino todo lo contrario. Nadal percute a la bola como un toro y saca con absoluta normalidad. Los pelotazos en los fondos resuenan a plomo y el adolescente Shintaro Mochizuki, 16 años, japonés y campeón júnior en Wimbledon este año, aguanta el tipo como sparring a base de muy buenas maneras.

Al finalizar la sesión, Nadal divisa la silueta alargada de un ruso con forma de garza que hace solo dos meses, en Nueva York, se las hizo pasar canutas en una de los mejores partidos que se recuerdan en mucho tiempo. Es Daniil Medvedev, un joven (23) que no lo parece porque pelotea con el aplomo de quien lleva toda una vida en las alturas. Hay un apretón de manos y Nadal se retira, sin querer darle más vueltas a la velada anterior, en la que se decoloró y no pudo fabricarse una sola pelota de break contra Alexander Zverev, que le frió a servicios y, venciéndole, le situó al balear en una encrucijada: este miércoles (15.00, #Vamos), frente al coco de Moscú, no hay otra opción que ganar. De lo contrario, el mallorquín se despedirá del Masters.

Se reencuentran Nadal y Medvedev después del pulso extremo en Nueva York, donde el advenedizo llevó al límite al número uno en la final del US Open, hace dos meses. Entonces, el español comprobó tras 4h 51m que su rival está hecho de una pasta especial, que tiene recursos para todo y que es capaz de contragolpear mentalmente como ningún otro jugador de la nueva generación ha conseguido hacerlo. Todo ello hace de Medvedev un adversario temible, más si cabe porque él también se encuentra ante un escenario idéntico, toda vez que perdió el primer día ante Stefanos Tsitsipas y por lo tanto también debe ganar o ganar, para no despedirse abruptamente en su estreno maestro.

Ocurre que al ruso se le ha ido fugazmente la inspiración, o más bien la chispa. Pese a ser un diésel prácticamente inagotable, el desgaste pesa porque la buena inercia le ha conducido a ser el tenista que más partidos (78) ha disputado esta temporada, por delante del propio Tsitsipas (75), Matteo Berrettini (65), Novak Djokovic (64) y Diego Schwartzman (63). Es el moscovita, además, el que más victorias (59) ha obtenido, después de alzar cuatro trofeos (Sofía, San Petersburgo, Cincinnati y Shanghái) y haber jugado otras cinco finales (Brisbane, Barcelona, Washington, Canadá y Nueva York) en 23 torneos. Nadal, de 33 años, totaliza 13. Tras el pelotazo en Flushing Meadows, mantuvo la línea ascendente, pero el motor le pidió luego una pausa y renunció a Moscú para refrescar su tenis.

Una cuestión física, no mental

"Estoy tratando de volver a encontrar el nivel del US Open", expresó hace dos días; "esto es lo normal para cualquier deportista, y por eso es increíble lo que hace el Big Three y antes hacía [Andy] Murray; incluso cuando no juegan todo lo bien que pueden, siguen ganando partidos. Eso es lo que me falta a mí ahora, en lo que estoy trabajando".

"No es una cuestión mental, sino más bien física. No jugué en Moscú porque mi cuerpo necesitaba un descanso y no quería lesionarme", agrega el número cuatro del mundo, que arrancó el año como el 19; "no podemos jugar 40 torneos al año [él tenía programados 25, y con la Copa Davis participará finalmente en 24]. Perdí mi punto álgido, pero estoy tratando de recuperarlo".

Obligado por la necesidad, Nadal debe hacer que repunte ostensiblemente su juego con respecto al debut. Debe morder otra vez y recuperar el dinamismo. Zverev le desbordó sin una propuesta excesivamente contundente. Se juega el balear sus opciones en el viejo sueño que es el Masters y también el trono que hoy día defiende. El tropiezo ante el alemán también le exige sin vuelta de hoja: si no levanta por primera vez el trofeo, Djokovic cerrará 2019 en lo más alto.