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Wendelien van Oldenborgh, polifonía en monocromo

Diario- El País 26/11/2019
El CA2M acoge la primera retrospectiva en España de la artista holandesa bajo un enjambre de ruidos y voces
 

Escuchamos. Más que miramos, escuchamos. Un hiphopero hace referencia a las revueltas acaecidas en Londres en 2011. Mientras lo hace, oímos un sonido de fondo: las sirenas de un coche de policía. Lo auditivo es protagonista en obras como From Left to Night (2019), que es una revisión de un anterior trabajo de Wendelien van Oldenborgh de 2015. En un primer acercamiento, Van Oldenborgh trasladaba a vídeo conversaciones y canciones que hablaban o musicalizaban protestas callejeras, el racismo en grandes urbes y la sobrevigilancia. Para su primera retrospectiva independiza lo audio de lo visual, arrancando las voces de la imagen y aislándolas en pistas, mostrando únicamente una caja flotante de subtítulos en un espacio curvo neutro. La artista se apropia de las estrategias de los retratados para configurar un montaje poliédrico, convirtiendo una película en la que intervienen raperos en una banda sonora.

En La Javanaise (2012) recurre a una edición sincopada, al abuso de planos descarte y a un montaje en el que el detalle desvela la trama para desarticular la historia de una Holanda colonial que es, en el fondo, una edición sincopada (del relato), un abuso de planos descarte (del sujeto colonizado) y un montaje en el que el detalle (una prenda de vestir actual) desvela la trama (la explotación comercial). Así damos sentido al producto incompleto derivado de este experimento cinematográfico en el que el resultado está en proceso. Grabado en el antiguo Instituto Colonial, hoy Royal Tropical Institute, el filme acompaña a una modelo sudanesa, Sonja Wanda, que viste una blusa de la compañía Vlisco dedicada al diseño de telas de impresión de cera africana. El en apariencia amateur ensamblaje de encuadres hace que pensemos en aquello y aquellos que no están en la pantalla, en tiempo y en espacio. Nuestra mirada es la de la cámara: inestable, dudosa, despistada. Con una táctica poco agradable pero efectiva, Van Oldenborgh desliza su crítica no sólo a la hipocresía política y empresarial holandesa, sino a la indolencia del cliente: nosotros, los espectadores. Lo hace mediante un afinado y coral conjunto de películas que deconstruyen mediante la especulación supuestas homogeneidades nacionalistas, intercambiando los roles del director, el actor, el argumento y el público.

Tono lengua boca, comisariada por Anna Manubens para el CA2M, agrupa algunos trabajos sobresalientes de esta creadora, como la emocionante Bete & Deise (2012), en la que una actriz y militante brasileña, Bete Mendes, dialoga con la música funk Deize Tigrona, friccionando dos maneras de entender la lucha feminista. Un enjambre de ruidos y voces se acopla con el audio abierto de esta proyección. Detrás del gran espacio reservado para Bete & Deise se apelotonan varias piezas, unas más densas que otras, unas más logradas que otras, en un pasillo estrecho: A Certain Brazilianness, un compendio de obras que incluye fotografías, audio abierto, audio cerrado, vídeo, texto y documentación, guiones sobre papel y guiones escenificados en mediometrajes que exigen de una atención impedida por el display.

En el catálogo se anuncia que esta muestra, al ser una primera retrospectiva, obliga a "patrones de montaje nuevos". Se opta por un recorrido circu­lar que pretende liberar al visitante de las distracciones abastecidas por el patrón museológico tradicional. A pesar de la argumentación, que se asienta en una breve cronología del display pasando por el sistema de nomenclatura binominal de Carl von Linné, el montaje no queda redondo: hay zonas de acumulación que dificultan la apreciación de las obras. La acupuntura arquitectónica —así se refieren a la operación de conversión de las salas cuadradas en una gran órbita— acaba convirtiéndose en la única voz discordante en esta polifonía.

Tono lengua boca. CA2M. Móstoles (Madrid). Hasta el 5 de enero de 2020.