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Messi alivia hasta a Griezmann

Diario- Ramon Besa 27/11/2019
Al Barça le alcanza con un buen rato del argentino y los goles del tridente para abatir a un inofensivo adversario y clasificarse para los octavos de la Champions
 

Hay viejas fórmulas que todavía funcionan ante rivales asustadizos y en partidos sencillos como el disputado en el Camp Nou. Al Barça le alcanzó con un par de jugadas de Messi y Luis Suárez en cuatro minutos para liquidar al Borussia Dortmund. Meneó un poco la cadera el capitán, se perfiló el uruguayo y los zagueros alemanes se desplomaron como infantiles ante Bürki. Asegurada la clasificación para los octavos sin necesidad de aguardar el partido de San Siro, los azulgrana completaron el encuentro sin más historia que el empeño colectivo y muy especialmente de Messi para que marcara Griezmann.

El francés se estrenó por fin en la Champions y completó la goleada del tridente, un tanto por barba, después de una asistencia del 10. Abierto a la izquierda, Griezmann cruzó el esférico con la zurda al poste izquierdo de Bürki. Un buen gol en los mejores minutos de Messi. El argentino dirigió las maniobras ofensivas con autoridad y suficiencia ante el asombro del Dortmund y el sostén del indesmayable De Jong. No defendían los alemanes, sino que aplaudían a Messi en su partido 700 con el Barça. El lunes se adjudica el Balón de Oro y el rosarino no quería llegar con las manos vacías a la espera de la cita del domingo contra el Atlético.

El partido quedó marcado por la clase de Messi, el despliegue de De Jong y la titularidad de Rakitic. Hubo un momento en que no jugaba el Barça, sino que la pelota solo giraba alrededor del volante croata, el mártir de la transición de Valverde. Iba y venía Rakitic sin ton ni son, impaciente y errático, como si quisiera recuperar el tiempo perdido, dispuesto a ser el protagonista en su querido Camp Nou. La ansiedad le llevó a cometer un fallo monumental que no acabó en gol por la mediación de Umtiti después de que Ter Stegen ya hubiera quedado vencido por el remate forzado de Schulz.

Aunque el Borussia Dortmund perdió encanto, y también intimidación desde que Favre cantó la alineación y dejó en el banquillo al desequilibrante Jadon Sancho, el fútbol azulgrana era tan atropellado que propició un par de llegadas del equipo alemán capitaneado por Reus. Ya calmado Rakitic, se lesionó Dembélé, titular por delante de Griezmann, el patito feo del tridente del Barça. El extremo quedó tendido en la cancha, abatido, dolorido y rendido, rota su musculatura, ante el asombro del Camp Nou. No hay quien descifre el misterio de Dembélé.

Retirado el francés, y extinguido el efecto sorpresa de la alineación, el equipo azulgrana se entregó a su solución más convencional y resolutiva: la pareja Luis Suárez-Messi. El uruguayo remató una asistencia del argentino y acto seguido el capitán cruzó a la red un pase del charrúa después de una recuperación de De Jong. La vitalidad del holandés resultó decisiva para suerte de la pareja Luis Suárez-Messi. El trío fue imparable para el Borussia Dortmund. A falta de elaboración, se imponía la presión, el robo del cuero y el tiro al marco de Bürki.

Ataques cortos, intensos y efectivos, le dieron ritmo al fútbol del Barcelona ante la pasividad visitante. No había ni rastro de aquel fiero equipo de Dortmund, excesivamente vulnerable, sin hilo de juego, rebajado en ataque por la suplencia de Sancho. Alcanzado el descanso, a Favre no le quedó más remedio que arriesgar con Jadon Sancho. La pelota, sin embargo, tardó en salir del área de Bürki. La zaga alemana era un flan cada vez que era encimada por Messi y Luis Suárez y apretada por el entusiasta De Jong.

El árbitro, el mismo que ofició el funeral azulgrana en Roma, incluso amonestó a Messi. El argentino se cayó después de dos regates y un mal control y el colegiado le mostró la tarjeta amarilla a pesar de que el futbolista certificaba con la cabeza y los dedos que no había penalti en el área del Dortmund. Los alemanes fracasaban con y sin el balón, inocentes y reducidos por los barcelonistas desde el 2-0. Hasta que despertó Jason y le puso una pelota de gol a Brandt. Apareció entonces el brazo de hierro de Ter Stegen.

Ya nadie reparaba en el resultado de Praga. La visita al Inter se presenta irrelevante a efectos del resultado para el Barcelona. Así que el partido quedó a expensas de las jugadas de Messi, del gol de Griezmann y de los movimientos de Sancho, espléndido en un tiro a la entrada del área que supuso el 3-1 y en un chut que desvió al larguero Ter Stegen. Favre fue un amigo para el Barça cuando decidió no poner de titular a Sancho. La intimidación del inglés acabó con las transiciones del Barça. Los azulgrana recularon y aguardaron como pudieron a que acabara un partido que por una vez no se resolvió a balón parado y que como siempre fue rematado por Messi, santo y seña del Barça. Hasta febrero hay tiempo para que a la causa del argentino se sumen más jugadores que Luis Suárez y De Jong.