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"Fleabag": esta no es una serie para mujeres

Columna- Ricardo de Querol 03/01/2020
La tele, al fin, está cambiando. Esta desinhibida londinense comparte con nosotros sus intimidades y miserias sin pedir permiso ni perdón
 

Lo raro no es que ahora haya tantas series protagonizadas por mujeres, lo raro es que no las hubiera antes. En la primera escena de Fleabag, la joven así llamada se dirige a la cámara desde el borde de su cama y cuenta al espectador qué le está haciendo el hombre de detrás. Desde ese momento y hasta el último de la segunda temporada, en 12 capítulos cortos ideales para un atracón, se suceden los guiños de complicidad con el público, la ruptura de la cuarta pared que caracteriza a la provocadora y muy premiada comedia creada e interpretada por Phoebe Waller-Bridge.

Esta desinhibida londinense comparte con nosotros sus intimidades y sus miserias sin pedir permiso ni perdón. Su entorno —la hermana, la amiga muerta, una madrastra bohemia, un cura sexi...— completa un sarcástico y a ratos amargo retrato de la sociedad británica, con esos contrastes entre lo carca y lo rompedor. Nacida de un monólogo teatral, la serie se estrenó en la BBC —en pocos lugares más se emitiría en abierto— y ahora brilla en el catálogo de Amazon Prime.

Fleabag es una serie hecha por mujeres que trata de mujeres, pero ¿es una serie para mujeres? No. La tele, al fin, está cambiando. Pasada la ola de antihéroes —narcos, mafiosos, asesinos en serie, todos varones—, la década que acaba ha traído papales femeninos poderosos, osados, con carácter. No son heroínas, pero menos aún frágiles, víctimas, dependientes o parejas de.

Antes del MeToo ya habían ocupado su sitio en la pantalla Orange Is the New Black, Killing Eve, Homeland, The Good Wife, Big Little Lies, Girls... Unas son más combativas (El cuento de la criada), otras tiran de costumbrismo e ironía (ahí encaja Fleabag). Todas sirven como expresión de su tiempo: vivimos el siglo de las mujeres. Y apenas van dos décadas. Nos queda mucho y bueno por ver.