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Estas son las 800 empresas jóvenes que más rápido crecen en España

Diario- María Fernández 17/01/2020
Iberinform ha identificado cuáles son las pequeñas y medianas firmas más dinámicas en crecimiento
 

Una agencia de viajes, una constructora, un restaurante o una aplicación móvil. No importa el sector, cientos de negocios han conseguido ser campeones de crecimiento en los últimos tres años en España, según un listado elaborado por Iberinform, del grupo Crédito y Caución. Cruzando datos del Registro Mercantil, han identificado 834 empresas gacela, con menos de cinco años de vida, que crecen más de un 20% en cada uno de los últimos tres ejercicios y facturan más de medio millón de euros con una plantilla superior a los 10 empleados.

Son pymes que no saben andar, solo corren. "Su valor colectivo reside en la capacidad para decirnos dónde están los nichos de crecimiento económico. Y la respuesta puede sorprendernos: en España, las gacelas siguen operando en sectores tradicionales. Solo una minoría de ellas trabajan en los más innovadores, como el comercio electrónico, las TIC o la biotecnología", dice Ignacio Jiménez, director de Iberinform.

La primera de la clasificación, Travelperk, se fundó en Barcelona en 2016 de la mano del israelí Avi Meir y el salvadoreño Javier Suárez, exempleados de Booking que encontraron en los viajes de empresa un nuevo nicho de mercado. "El año pasado fue realmente fuerte para nosotros. Continuamos creciendo, pasamos de 155 a 433 empleados, abrimos una segunda oficina en Barcelona y cerramos una ronda de financiación de 104 millones", cuenta Meir. Con una facturación de 44 millones en 2018, este año se plantean lanzar más productos alrededor de los viajes de empresa.

Son el doble de grandes que la segunda compañía más rápida, la constructora Vertebra, una ingeniería fundada en Madrid por personas que llevaban trabajando 20 años en el sector, pero que decidieron darle otro enfoque a un negocio tradicional. "El modelo habitual se basa en la subcontratación de una obra con una subasta entre los proveedores. Nosotros le hemos dado la vuelta, nuestras ofertas tienen mayor certidumbre, lo que nos ha ayudado a tener una cartera de contratación de 50 millones", dice Javier Córdoba, su consejero delegado y socio. A veces es conocido, pero otras el mercado es una página en blanco. Le ocurre a Wallbox, una empresa fundada por exempleados de Tesla, Enric Asunción y Eduard Castañeda, que se dedica a diseñar, producir y distribuir cargadores para el coche eléctrico. "Vimos la necesidad para otros fabricantes de coches de crear soluciones inteligentes para casa, que permitieran cargar más rápido, ahorrar dinero", cuenta Asunción. En cuatro años han logrado estar presentes en Europa y ahora en China. "Nuestros cimientos están en el producto, muy diferencial, que realmente es mucho mejor de lo que hay en el mercado, eso te da una ventaja".

El producto también es la piedra filosofal para Elparking, una aplicación que trata de ser "el copiloto del coche, con una utilidad para pagar servicios como la ORA, pero también relacionados con la conducción", define Enrique Domínguez, su director. En pocos años han conseguido 1,3 millones de usuarios, de los que 485.000 han hecho una transacción en los últimos tres meses.

Ramón González Cambray, director del MBA de la UOC, cree que son pymes con visión y recorrido. "Con tanta competencia y globalización, lo que acaba definiendo a una empresa gacela está en la eficiencia de los procesos. Un reto clave es la innovación, a través de la digitalización ofrece oportunidades de negocio. Y aunque no sean 100% digitales, seguro que en su crecimiento este aspecto tiene una incidencia importante".

Muchos modelos digitales buscan escalar, multiplicar sus clientes. A veces olvidando el beneficio. Confían en que perder es el primer paso para ganar. Luis Pérez del Val, fundador y consejero delegado de Lola Market, un sistema de compra on line en supermercados, dice que este tipo de negocios solo tienen sentido si se expanden a la velocidad de la luz. Su primera empresa de bodas on line, Bodaclick, llegó a cotizar en el MAB y terminó en liquidación. "Tienes que aprovechar la globalidad que te ofrece Internet. Vales mucho más cuanto más pierdes. Le pasó a Amazon, que tardó muchos años en dar beneficios". Del Val se guía por las nuevas métricas que reinan en el mundo virtual: tráfico, número de usuarios, visitas, seguidores… La rentabilidad parece perderse de vista, aunque quizá no tanto. "Para mí también es fundamental saber que estoy ganando en cada pedido", recuerda.

"El crecimiento es complicado, trae desorden, tienes que ir procedimentándolo todo para responder al volumen". El modelo Lola Market es conocido y replicado por muchos de estos nuevos negocios. Son un agregador: no tienen ni repartidores ni tiendas, solo los conectan a través de una plataforma que desemboca en el cliente. Sus personal shopper son, como define Pérez, "independent contractor". Traducido al castellano, sus repartidores son autónomos. La plataforma cobra por cada pedido que hace el usuario y recibe del supermercado un porcentaje por el volumen facturado. Ingresa por ambas partes.

Financiar el ladrillo

Housers, nacida en 2015, también es hija de la tecnología. Se dedica, cuenta Juan Antonio Balcázar, su consejero delegado y fundador, al crowfunding inmobiliario: captando capital para financiar obras. En la conversación aparecen las palabras mágicas de la nueva economía: rondas de financiación. "Captamos capital a través de ellas, levantamos hasta cinco millones". Su modelo permite, a través de una plataforma sencilla, que cualquiera se convierta en un inversor-promotor. Solo hacen falta 50 euros. "Hemos financiado 265 proyectos, llevamos más de 110 millones captados, ya hemos cerrado 65 obras con una rentabilidad media del 9,22%". Housers cobra al promotor que necesita la liquidez y también recibe dinero de los inversores.

Aunque a veces no se trata de innovar con una idea de la nueva economía: basta con conseguir sacar adelante un negocio de toda la vida con trabajo y visión. Gregorio Rodríguez es uno de los dos socios de Jiroca, un restaurante en Villafranca del Campo, Teruel. Está en la autovía A-23, que conecta Valencia con Francia por Aragón, en medio de la nada. Pero ofrece unas 200 comidas diarias, tiene servicio de aparcamiento, duchas para los camioneros y una barra de 14 metros llena de bocadillos, tapas y pinchos recién hechos. "Huimos del autoservicio, de la comida rápida. Dedicamos mucho tiempo a confeccionar los horarios, a los procedimientos de limpieza y atención del cliente". Habla con pasión de sus empleados. "Es dificilísimo conseguir tener aquí a 32 personas, cuando estás rodeado de poblaciones de 200 habitantes como mucho. Hemos hecho planes de formación continua, incluso de idiomas".

La formación es el punto fuerte de otra gacela, la escuela Cefes de Zaragoza. Unos 6.000 alumnos pasan por sus clases presenciales o virtuales. "¿Que cómo se crece? Haciendo malabares. Llevamos cuatro años y somos 50 personas", cuenta Luis González, su propietario. Cada tres meses les cuenta a sus empleados cómo van las cuentas y reinvierte todo lo que gana. En 2018 ya facturaba 1,5 millones.

Aunque no todo es un camino de rosas. En la constructora Taresco hacen la lista de las dificultades que tienen que superar las pymes, en su caso en el sector constructor: un contexto económico difícil, escasa inversión pública, pánico inversor privado, acceso a financiación restringido por la escasa confianza de los bancos, pagos a proveedores a corto plazo y cobros de clientes a largo, morosidad recurrente, elevados impuestos, ninguna ayuda pública y escasas ventajas fiscales para empresas de nueva creación. De cosas similares se queja Pedro Aranda, que tiene una pequeña empresa de fontanería en Granada, Ofiteca. "Hemos empezado a trabajar para clientes potentes. Es difícil mantener un nivel alto de calidad y dar servicio de cierta confianza. A los bancos les tienes que presentar unas cuentas realistas, porque sin dinero no podemos hacer nada". Su piedra en el zapato está en las devoluciones del IVA. "Hacienda tarda muchísimo tiempo [en reembolsarlas], y si no tienes músculo financiero, no puedes crecer".

Y sin un capital inicial importante también es difícil arrancar. "Cuando quieres ser disruptivo en un mercado, puedes ser un emprendedor que se líe la manta a la cabeza con su dinero o acudir al venture capital", cifra Enrique Domínguez. Habla de que este último modelo tiene un mejor riesgo. "Muchas multinacionales están creando filiales con gente muy preparada o se ponen en contacto con emprendedores para que sus empresas crezcan dentro de la matriz, cobijándola. Se benefician de que en una start up el nivel de burocracia es mucho menor".

Puede que de las 834 empresas identificadas en el ranking, muchas mueran. Pero puede que otras sean las multinacionales del futuro. Esas que saben que, "si la oportunidad no te llama, lo mejor es construir una puerta".