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La Comisión Delegada de Economía cobra nuevos bríos

Columna- Miguel Ángel Noceda 17/01/2020
La vicepresidenta Calviño tendrá desde el órgano colegiado, que se reunirá los viernes, poder para coordinar la política económica del Gobierno y dirimir las disputas.
 

El mayor peso que el nuevo Gobierno pretende dar a la economía supone que la Comisión Delegada para Asuntos Económicos del Gobierno cobre más relevancia. La Comisión Delegada (se la identifica con la económica, aunque existen muchas otras, como la de asuntos culturales, la de política científica, la de igualdad...) abre ahora una nueva etapa que va a caracterizarse precisamente por afrontar los retos económicos que se presentan, comenzando con la reforma de la reforma laboral, trufados con la obsesiva Agenda 2030, y dirimir las disputas y diferencias que inevitablemente se presenten antes de llegar al Consejo de Ministros.

La Comisión Delegada la forman los ministerios inversores y los que tienen competencias en economía más Sanidad. A su frente suele estar, salvo en la etapa de Mariano Rajoy, el ministro de Economía. Es decir, la responsabilidad recae en la vicepresidenta tercera y ministra de Economía, Nadia Calviño, que ya ocupaba la misma responsabilidad en los 19 meses de Gobierno de Pedro Sánchez (casi ocho en funciones).

Se da por seguro que en la nueva Comisión el ya nutrido número de ministerios va a experimentar un engorde como consecuencia del desdoblamiento de carteras y la creación de otras nuevas que ha provocado el Gobierno de coalición. Ocurre por la separación de Trabajo y Seguridad Social o de Sanidad y Consumo, aunque es posible que Sanidad se quede fuera al perder, precisamente, las competencias de Consumo.

Asimismo, es muy factible que al grupo se una Asuntos Exteriores dada la vocación comercial con la que llega la nueva titular, Arantxa González Laya, y el impulso que se quiere dar. De hecho, el anterior ministro, Josep Borrell, era habitual en las reuniones semanales, aunque no formara parte de la Comisión, por las implicaciones económicas en lo que se ha llamado diplomacia económica.

Además forman parte de la Comisión las Secretarías de Estado de Presupuestos, Hacienda y Economía, cargo en el que sigue Ana de la Cueva y que es la que hace el papel de secretaria. También ocupa un asiento el director de Asuntos Económicos de la Presidencia del Gobierno, cargo en el que repite Manuel de la Rocha Vázquez, que tiene el importante papel de alertar al presidente de lo se cuece y decide en la Comisión. El cambio de fecha de estos al martes hace que las reuniones de la Comisión se trasladen a los viernes.

Durante la etapa anterior, apenas ha habido controversias que se conozcan. Sin embargo, la proliferación de ministerios supone que se superpongan tareas en distintos departamentos, lo que obligará a que la labor de coordinación y diálogo sea muy intensa y peliaguda. Por ejemplo, en materia comercial se reparte entre y el propio Economía, Industria y Exteriores, con el peligro de que aflore el sempiterno lío entre los técnicos comerciales y los diplomáticos. O entre Trabajo y Seguridad Social.

Luego está la Agenda 2030, que afecta a todos los ministerios. El Ejecutivo ha elaborado un programa de actuación muy centrado en temas sociales, que en parte han recaído en representantes de Unidas Podemos (Trabajo y Consumo), y Calviño deberá coordinar en un panorama de desaceleración económica que no invita precisamente a euforias. Es decir, no se va a hablar solo de las partidas de gasto e ingresos, sino también de las pensiones o la revalorización del salario mínimo y de otras medidas como las políticas activas de empleo y la formación.

Hay quien apunta a que se pueda formar una minicomisión reducida (al estilo de las ejecutivas de las empresas) para la que se dejen los temas más candentes. No obstante, dependerá de la actitud de los miembros de la Comisión. Fuentes del Gobierno insisten en que los representantes de Podemos han llegado con buen tono y ganas de hacer y aportar y que esa posibilidad la ven remota.

Quizá el buen entendimiento de Calviño con la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha propiciado que no hayan existido roces mayúsculos dignos de reseñar como ocurrió en la etapa anterior en la que Rajoy asumió la presidencia de la Comisión Delegada para no provocar un enfrentamiento entre los titulares de Hacienda (Cristóbal Montoro) y el de Economía (Luis de Guindos), que optaron a presidirla. De hecho, se llegó a dictar un decreto que le concedía la presidencia a Montoro por tener Hacienda preponderancia sobre Economía en el escalafón ministerial. Ello supuso un inidisimulado rebote de Guindos, que se resolvió con la asunción de la presidencia por Rajoy, aunque en realidad fue la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, la que ocupó el cargo echando mano del decreto de sustituciones y protocolo.