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"En más de una ocasión tuve que pasar sobre un cadáver tirado en la calle"

Diario- Iñigo López Palacios 06/10/2016
Craig Leon, productor de los Ramones y Blondie, recuerda aquellos tiempos punk en Nueva York. Y actúa en España
 

Se cuentan muchas historias sobre el Nueva York de los años setenta. Hasta el punto en el que esa descripción de una ciudad violenta y peligrosa en la que la vida humana no valía nada, parece exagerada. "No, no es exagerado", dice Craig Leon. "Recuerdo que Blondie tenía un loft justo frente al CBGB [el local donde nació la escena punk], compartido con otras bandas. Era su local de ensayo y todo el mundo lo conocía. Yo iba con mucha frecuencia. Y en más de una ocasión tuve que pasar sobre un cadáver tirado en la calle. Alguien que había muerto durante la noche. Ni siquiera nos extrañaba. Simplemente así eran las cosas". Aunque a Craig Leon (Miami, 64 años) se le asocia con Nueva York, se le fotografía en Londres. Lleva en Inglaterra nada menos que desde 1983. "Los discos que produje en Nueva York para The Ramones o Blondie eran mucho más populares en Europa que en Estados Unidos. Nos llegaban ofertas desde aquí, así que mi mujer y yo nos mudamos porque se apreciaba más mi trabajo. Lo irónico es que queríamos vivir en Europa, no necesariamente en Gran Bretaña", dice el músico y productor y luego suelta una sonora carcajada con ese tono de rabia incrédula que se les ha quedado a los contrarios al Brexit.

Casi la mitad de su vida ha transcurrido en la isla. Antes pasó de su Florida natal, donde estudió piano, tomó contacto con los primeros sintetizadores y aprendió el trabajo de estudio, a Nueva York, donde ejerció de A&R (el término técnico para lo que el común de los mortales llama cazatalentos) y definió el sonido del primer punk y de la nueva ola. De allí, a Los Ángeles y la Europa continental para, finalmente, recalar en las afueras de Londres. "Vivo en el campo, en una colina con un puñado de vecinos", explica.

En su casa estudio ha dedicado los últimos 20 años a producir a estrellas de la música clásica como Luciano Pavarotti y Joshua Bell y hasta a la London Symphony Orchestra. En 1983, sin embargo, era conocido por su trabajo en álbumes cruciales de bandas que hoy son míticas. "El primer disco de The Ramones ocupa un lugar muy especial en mi memoria. Yo estaba muy implicado con la banda desde antes de entrar al estudio. De hecho es el único de los álbumes que hice que han sido premiados por sus ventas que está visible en mi casa. No soy de esos que llenan las paredes con discos de oro".

Se le consideraba un mago del estudio capaz de hacer audibles y comerciales a grupos del entonces muy radical punk. Desde Blondie hasta salvajes como el dúo Suicide. "No teníamos ni idea de que en el futuro aquello sería importante. Ni siquiera lo llamábamos punk. Fue Europa la que cogió la escena underground de Nueva York, la bautizó así y creó su propia versión, mucho más compacta y politizada. En Estados Unidos eran propuestas individuales. Gentes que tocaban en los mismos sitios y punto".

Pero hoy está en estas páginas como compositor, intérprete y autor de una obra fundamental de la electrónica. Nommos, su álbum de 1981, es una gema de la electrónica más primitiva, inspirada en la mitología dogón. Ese pueblo africano habita una falla tectónica en Mali y asegura que hace miles de años recibió a unos viajeros procedentes de un sistema solar con una doble estrella. Lo que diferencia esta leyenda de otras es que los astrónomos han confirmado que en el lugar del cielo que ese relato marca como origen, existe un sistema que encaja con la descripción, Sirius B.

"Nunca he estado en Mali. Hubo una propuesta para ir a tocar Nommos, pero hoy en día es un país peligroso. De todas formas yo no intentaba hacer música dogón. Vi una exposición sobre su cultura en los setenta y quise llegar a la raíz de la leyenda, que habla de seres que llegan de un grupo muy específico de estrellas. Intentaba deducir lo que escucharían esos visitantes. A eso lo llamé Interplanetarian Folk Music". Leon interpretará Nommos en el Festival Villamanuela (villamanuela.es), que se celebra en Madrid el 7 y 8 de octubre.

Otra curiosidad: la música folk interplanetaria fue electrónica por necesidad. "Quería que fuese orquestal, pero eso cuesta dinero", explica. En su momento, Nommos no fue el mayor de los éxitos, pero con el transcurso de los años es uno de esos discos cuyas huellas se perciben en decenas de artistas.

Descatalogado durante tres décadas, el precio de las escasas copias de segunda mano disponibles subió hasta ser prueba inequívoca de su conversión en un artefacto de culto. ¿Le sorprende? "Yo soy el hombre al que despidieron cuando recomendó a un sello que contratara a Suicide. Nunca fueron famosos ni respetados y ahora lo son. Así que no me parece raro que, de repente, todo cambie".