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Juliana Awada, algo más que una primera dama

Diario- Carlos E. Cué 21/02/2017
La esposa del presidente argentino, empresaria de moda, es esencial para la imagen de Mauricio Macri
 

Juliana Awada (Buenos Aires, 1974) no es solo la esposa de Mauricio Macri, el presidente argentino. Antes de casarse con él, en 2010, ya era una exitosa empresaria de conocidas marcas de moda, miembro de una rica familia sirio-libanesa afincada en Argentina. Awada fue educada en los mejores colegios, vivió en Oxford, viajó por el mundo con el negocio de la moda. Tuvo un breve matrimonio a los 23 años y después vivió 10 años con un conde belga, con el que tuvo una hija. Era una mujer independiente y rica cuando conoció a Macri en un gimnasio del barrio más caro de Buenos Aires. Hoy llega a España con su esposo en viaje oficial.

Ahora el papel de Awada, estrella de las revistas argentinas e internacionales, siempre pendientes de su cuidado look, va mucho más allá del de una primera dama al uso. El fenómeno político de Macri tiene mucho de experimento de márketing. Él insiste en no definirse ideológicamente, prefiere hablar de conceptos como la "revolución de la alegría". Macri y su gran gurú, el ecuatoriano Jaime Durán Barba, tienen muy claro que en la política moderna la imagen lo es todo. Y ahí Awada es fundamental, porque le aporta al presidente la idea de pareja joven —ella tiene 13 años menos que él— enamorada, exitosa y feliz.

El 15 de noviembre de 2015, Macri vivía un momento clave: el debate con Daniel Scioli, candidato peronista, a una semana de las elecciones. Durán Barba había insistido en que mucho más importante que el propio debate era la imagen final, cuando Awada saliera a saludar a Macri. Y así fue. El beso de enamorados que ella le plantó fue el remate de un cruce que ganó, mientras la otra pareja —que se separó poco después de la derrota electoral— apenas atinaba a saludarse con frialdad. Macri ganó las elecciones y Awada, siempre elegante, se convirtió en un personaje inagotable.

Las fotos del matrimonio presidencial se cuidan al mínimo detalle. Nada es casual. En el último viaje oficial a Nueva York, quedó la imagen de la pareja besándose en la sede de la ONU o paseando en bicicleta por Central Park. Antes hubo otras fotos, con la pareja recibiendo en su mansión de fin de semana a los Rolling Stones, de gira en Argentina, o compartiendo una tarde el paraíso de Bariloche, en los Andes, con el matrimonio Obama. Awada se fija mucho en Michelle, no lo oculta. "Su experiencia y liderazgo ha sido una inspiración para mí en estos días como primera dama", le dijo cuando visitó Buenos Aires.

Mientras Macri recibe críticas durísimas, Awada parece intocable. Ella no se mete nunca en asuntos políticos, evita la polémica y es amable y accesible con los medios. Siempre parece de buen humor. Solo ha sido criticada ocasionalmente por vestir demasiado sexy en algunos actos oficiales. Antes de llegar a la presidencia sí se había visto envuelta en una fuerte polémica, porque sus marcas de ropa, en especial la de niños, Cheeky, fueron denunciadas por usar presuntamente trabajo esclavo en talleres ilegales de bolivianos. Fueron absueltos pero quedó la mancha. "Que le pregunten a la esposa del señor Macri cómo trabajan los bolivianos en sus talleres", clamó el presidente del Senado de este país, José Alberto Gonzáles, ante una reciente polémica por un decreto que facilita las expulsiones de extranjeros si cometen delitos.

Awada llevaba tiempo preparándose para ser primera dama. Nacida en el seno de una familia musulmana, se bautizó en 2014, un año antes de las elecciones. Argentina es un país con una presencia muy importante de musulmanes y judíos, pero el catolicismo en el que se educó el italiano Macri es la religión ampliamente mayoritaria y la Iglesia, antes liderada por Bergoglio, ahora papa Francisco, tiene un papel clave.

Macri, dicen los que le conocen, cambió completamente desde que se casó con ella —antes tuvo otras dos esposas y tres hijos— y nació su hija, Antonia, que tiene cinco años. Ahora es un hombre mucho más feliz, insisten sus amigos. Macri las lleva a todas partes. Ahora también vienen al viaje a España que inicia oficialmente este martes. La niña incluso le acompaña cuando recorre los barrios de los alrededores de Buenos Aires llamando a los timbres de las casas por sorpresa para charlar con los vecinos. La imagen de familia feliz forma parte esencial de la estrategia de comunicación de la era macrista. En este caso además parece coincidir con la realidad.