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Los otros tebeos que llegan al cine

Diario- Gregorio Belinchón 20/04/2017
Las novelas gráficas adultas, alejadas del mundo de los superhéroes, alimentan cada vez más películas. "Rosalie Blum" es el (pen)último ejemplo
 

Hay otro mundo en el cómic más allá de los superhéroes. Y eso lo saben los lectores de las novelas gráficas, acostumbrados a leer viñetas dedicadas a biografías, historia del día a día, la ciencia ficción, el drama o la vida misma de su autor. Poco a poco, el cine ha ido recolectando entre este género en crecimiento argumentos y personajes para películas completamente alejadas de seres voladores que salvan la Tierra. El último ejemplo en la cartelera española es la francesa Rosalie Blum, con la que Julian Rappeneau ha adaptado los tres volúmenes que conforman la obra homónima de Camille Jourdy. En Francia, gracias a la fuerza editorial y cultural que allí posee el mundo del cómic, el cine lleva años realizando estas adaptaciones, e incluso una de ellas, La vida de Adéle,de Abdellatif Kechiche, ganó la Palma de Oro de Cannes. Y hay muchos más ejemplos, gracias a que el material primigenio desborda interés: en tiempos de sagas, secuelas y remakes, estas adaptaciones superan con mucho el nivel de calidad de sus correligionarias en pantalla. El mismo Rappeneau lo ve así, en una entrevista por correo electrónico: "Una amiga mía me empujó a leer Rosalie Blum y me pareció formidable, muy original en su construcción. Vi la posibilidad de sacar de allí una película especial, en la que pudiese inyectar cosas personales, adoptando un tono entre misterio, emoción y humor".

Aquí prima la variedad. Un repaso a las adaptaciones de novelas gráficas más conocidas da como resultado un listado de filmes estupendos: Tamara Drewe, de Stephen Frears; Una historia de violencia, de David Cronenberg; Camino a Perdición, de Sam Mendes; Pollo con ciruelas, que llevó al cine su misma autora, Marjane Satrapi; Ghost World y El arte de estrangular, ambas de Terry Zwigoff; American Splendor, de Shari Springer Berman y Robert Pulcini; Lulú, mujer desnuda, de Sólveig Anspach; Oldboy, de Park Chan-wook, y por supuesto todo el universo del hombre que cambió radicalmente la novela gráfica, Alan Moore, en Desde el infierno, V de Vendetta, La liga de los hombres extraordinarios, Batman: la broma asesina y Watchmen, el Quijote de este género. Otros escritores / dibujantes enganchones para el cine son el alemán Ralf Köning, con su talento para lo cómico-erótico con El hombre deseado, Lisístrata o El condón asesino, o Frank Miller, maestro de la ultraviolencia, con Sin City, 300 o Elektra. Miller ha llegado a rizar el rizo, al dirigir él mismo en el cine la adaptación de The Spirit, obra de otro autor de culto, el pionero Will Eisner.

 Y la cosa no acaba aquí: en los próximos meses se estrenarán más: Valerian y la ciudad de los mil planetas (21 de julio), de Luc Besson; y Wilson (26 de mayo), de Craig Johnson, versión de la novela gráfica de Daniel Clowes, autor que ya ha sido llevado al cine con Ghost World y El arte de estrangular.

Todas estas películas tienen que luchar en su salto a la pantalla con que las obras que les inspiran ya han dejado muy marcado el físico de los personajes, y algunas, como Watchmen, son famosas incluso por la arquitectura de las viñetas en la página: la forma viene tan subrayada como el fondo. "Leí una y otra vez el cómic para poder empaparme de su espíritu; luego lo volví a cerrar para poder adaptarlo", asegura Rappeneau sobre Rosalie Blum. "Porque entonces hay que pensar en la adaptación en términos cinematográficos. Sobre todo en cuanto a ritmo y construcción, porque una película no puede ser contada como en un cómic. Como con toda adaptación, tuve que elegir ciertas opciones. Quitar cosas, conservar otras, también inventar otras. Desde el punto de vista visual, no he querido reproducir las páginas del cómic de Camille Jourdy. Por ejemplo, no he rodado la película en la ciudad que ella había dibujado, porque esta me inspiraba menos. Sin embargo, con mi equipo, intentamos plasmar en la película la delicadeza que emana del grafismo de Camille. La directora de arte también se divirtió, colocando en cada decorado un objeto tal como está dibujado en el cómic". ¿Y qué opina la adaptada? Camille Jourdy también responde por correo electrónico: "No pedí nada en especial. El productor organizó el encuentro con Julien Rappeneau y me gustó la manera en que me habló del proyecto. Tuve la sensación de que había comprendido los sentimientos y emociones que yo había querido plasmar en mi historia. Me parecía que estábamos en la misma onda, entonces decidí confiar en él. Creo que es difícil colocar límites en algo así".

En España, aunque pocos, también ha habido directores interesados en convertir en películas con actores de carne y hueso a estupendas novelas gráficas. Óscar Aibar llevó a la pantalla, Atolladero (1995), tebeo que él mismo había escrito para que dibujara Miguel Ángel Martín. Félix Fernández de Castro hizo algo complicado: coger el cómic autobiográfico María y yo (2010), de Miguel Gallardo, que cuenta la relación entre su autor y su hija autista, y rodarlo como un documental, añadiendo alguna animación y primando la verdad de lo contado. Adán Aliaga encaró en 2009 un tótem del cómic europeo, Estigmas, de los italianos Lorenzo Mattotti y Claudio Piersanti. "De aquella experiencia recuerdo que fue fácil conseguir los derechos, probablemente porque la novela gráfica no es tan popular como los tebeos de superhéroes. Mi productor habitual, Juanjo Giménez, y yo viajamos a París, nos reunimos con Mattotti y descubrimos que él quiso hacer una película con la idea original, y que al no poder levantar la producción realizó el cómic", recuerda Aliaga. El mismo Aliaga se acercó de forma tangencial a otro hito, en este caso del cómic sudamericano, El eternauta, del guionista Héctor Germán Oesterheld y el dibujante Francisco Solano López, con el documental La mujer del eternauta (2011), sobre la vida de Elsa Oesterheld, tras la desaparición de su marido durante la dictadura argentina. "Es un retrato sobre la ausencia, pero es cierto que una de las premisas fue poder mostrar algo del tebeo, aunque sea en apuntes estéticos".

Los adaptadores al cine suelen ser lectores prolíficos de cómics. Rappeneau desgrana: "Siempre me ha gustado el cómic. De niño, era fan de Tintín y de los cómics de Goscinny. Más tarde, descubrí que había una muy amplia variedad de cómics. Me han marcado las obras de Alan Moore y los japoneses Urasawa y Taniguchi. Hoy, cuando leo cómics, son sobre todo novelas gráficas". A Jourdy le marcaron dos tebeos con protagonista femenina que han tenido correspondencia cinematográfica: "A la cabeza me vienen Tamara Drewe y Lulú, mujer desnuda". Y Aliaga incluso sondeó la posibilidad de adaptar dos des sus novelas gráficas favoritas: "Dogs & Water, de Ander Nilsen, y Essex Country Trilogy, de Jeff Lemire, aunque ambas ya tenían los derechos vendidos para Estados Unidos". Aún quedan muchos universos por descubrir en esas páginas. Aliaga remacha: "Son obras libres, originales, especiales, de autor, que conectan con cineastas de parecidos gustos y, por supuesto, un público que quiere otras cosas".