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Conspirar y respirar

Diario- Ángela Molina 01/05/2017
"La revolución molecular", seminal texto de Félix Guattari, se lee cuatro décadas después como un sistema universal de lucha social y emancipación
 

El unicornio existe en las leyendas celtas, en los sueños de los replicantes y en la filosofía. Contrae la historia y los terribles misterios del futuro tecnológico; encanta nuestro sentido del espacio, arrancándonos de un lugar seguro y abarcable hacia otro alegórico y colectivo. Su cuerpo diamantino nace de una tierra reventada. No tiene órganos, pero sí conexiones con potencias de todo tipo que anulan cualquier fetichismo: Marx y Freud, por ejemplo, comercializados y reducidos al estado de papilla dogmática.

El unicornio es a la filosofía lo que la novia mecánica al arte: una máquina de producir sentido. En esta exhibición de poder, concede a la teoría política el despreocupado goce de su naturaleza extraña: La revolución molecular. Cuarenta años después de su primera edición, el seminal texto de Félix Guattari (1930-1992) se lee hoy como un sistema universal de lucha social y emancipación. Desde el primero hasta el último párrafo, el lector se preguntará el porqué del retraso de su publicación en castellano. La capacidad premonitoria de este artificiero y psiquiatra heterodoxo, cuyo mayor mérito fue plantear la revolución como una rama de la filosofía natural, produce escalofríos. Todos los venenos sociales del paraíso perdido Tierra, con sus antídotos, aparecen aquí descritos transversalmente —como no podía ser de otra manera— en forma de artículos, ensayos y entrevistas.

En el capítulo "Un plan global", se lee: "La nueva aristocracia mundial continuará recibiendo el apoyo que le brindan las altas jerarquías de las potencias internacionales. Sin embargo, no se identificará particularmente con ninguna de ellas. Del mismo modo que ayer era necesario acabar con el mito de las doscientas familias, hoy es necesario distanciarse del mito de la primacía absoluta del capitalismo alemán y americano. El objetivo actual no está concentrado en un solo punto. Los focos más virulentos del capitalismo se encuentran tanto en el Este como en el Oeste, así como en los países del Tercer Mundo". Con la misma perspicacia, Guattari detecta la podredumbre medioambiental, el papel de los nuevos canales de información y comunicación, la colectivización del capitalismo y su extrema fragilidad (China y ahora EE UU), los nuevos nacionalismos, la tecnocracia, la contaminación interna del movimiento obrero o las luchas emancipatorias de los homosexuales y otras minorías. Y de las mayorías: las mujeres.

Nada escapa al ojo prensil de Guattari, que reclama para "una sociedad que engendra un microfascismo en alza la puesta en marcha de una conspiración universal ("conspirar" quiere decir "respirar juntos")" a través de "agenciamientos colectivos y máquinas de guerra sociales". Una revolución que no puede ser traicionada por nadie en un momento de tolerancia y apropiación de cualquier tipo de insurrección por parte del "capitalismo mundial integrado". Sus ataques a la institución psiquiátrica, al despotismo y mercantilismo lacaniano y al psicoanálisis en general, "un movimiento político-religioso con su propia casta", se escriben en hojas de platino. No es para menos. El Anti Edipo, que Guattari firmó con Gilles Deleuze cinco años antes, habría provocado en Lacan una reacción furibunda, hasta el punto de excluirlo de los debates de la Escuela Freudiana de París.

La revolución molecular es un manual que contiene un altísimo coeficiente integrador de lo real y lo virtual, pues invoca la interacción desde sistemas de vida alternativos. Toca ponerlo en práctica si queremos salvar un mundo que no tardará en estar tan muerto como Pompeya. Conspirar y respirar.

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