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El pasado no pasa

Diario- María Antonia Sánchez-Vallejo 08/05/2017
Borja Lasheras traza en "Bosnia en el limbo: testimonios desde el río Drina", su primer libro, un apasionante y vívido reportaje trufado de análisis sobre aquella guerra
 

Contar una guerra no es nada fácil bajo el apogeo mediático, con todos los focos rebosando sangre, pero más difícil resulta hacerlo en eso que ha dado en llamarse posconflicto, "cuando el efecto CNN desaparece". La de Bosnia (1992-1995), como hoy la de Siria o en los ochenta la de Líbano, implica además una complejidad de actores y de tramas que sólo un conocimiento profundo, casi cotidiano, del terreno permite desentrañar.

Como delegado de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) en el enclave serbobosnio de Foca, el politólogo Borja Lasheras presenció episodios imprescindibles para hacerse una idea ajustada de lo sucedido durante la guerra: la apertura de fosas comunes, ominoso recuerdo de la limpieza étnica; los difíciles intentos de acercamiento entre las partes (serbios de un lado, croatas y musulmanes al otro), tan distantes de la reconciliación.

Lasheras lo cuenta en Bosnia en el limbo: testimonios desde el río Drina, su primer libro, un apasionante y vívido reportaje trufado de análisis, o viceversa. La descripción de personajes y paisajes —la geografía como carácter y como destino— se intercala con un examen de las causas del conflicto y sus consecuencias: cómo por ejemplo, en aras de la estabilidad de los Balcanes, Occidente tolera un statu quo en manos de autócratas (demócratas hoy, pero en su día, algunos, señores de la guerra). O cómo el nacionalismo, pese al tópico, no es el principal problema de la región; también lo son el déficit democrático o la corrupción, lastres para una región de la que Europa está clamorosamente ausente.

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