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Pankaj Mishra: "Es hora de abrazar el pensamiento apocalíptico"

Diario- Iker Seisdedos 11/05/2017
En "La edad de la ira", el ensayista angloindio bucea en el fracaso de la modernidad en busca de las raíces del resentimiento que subyace en fenómenos como Trump o el Brexit
 

En el mercado de las etiquetas para nombrar el presente, el ensayista y periodista angloindio Pankaj Mishra (Uttar Pradesh, 1969) ya escogió la suya: el escritor define nuestro tiempo como La edad de la ira (título de su último libro en Galaxia Gutenberg). Una época en la que las masas desarraigadas, "víctimas de una estafa" sin precedentes, responden a escala planetaria con "populismo y brutalidad rencorosa" a las élites que se "apropiaron de los frutos más selectos de la modernidad" y ahora contemplan tanta rabia con "perplejidad aturdida".

Para acotar tanto resentimiento, Mishra no teme quedarse corto: habla de "guerra civil global", "estado de emergencia planetario" y "crisis universal" y se remonta a la Ilustración. Entonces, afirma, se dio la primera escaramuza entre soldados de ambos ejércitos. De un lado, el "serenamente elitista Voltaire". Del otro, "el envidiosamente plebeyo Rousseau", que talló parte de su pensamiento con el desdén de esos philosophes que hoy formarían parte del "selecto club tecnocrático opaco que toma las decisiones".

Mishra, autor en la misma editorial de De las ruinas de los imperios: la rebelión contra Occidente y la metamorfosis de Asia, escribe desde una perspectiva "no occidental" con un estilo ágil, erudito y deslumbrante, lleno de alusiones literarias (de Don DeLillo a Dostoievski; de Octavio Paz a Yalal Al-e Ahmad), agudos análisis históricos, ajustes de cuentas con las promesas tecnológicas y vertiginosos saltos en el tiempo (que, por ejemplo, conducen de Bakunin al terrorista Timothy McVeigh). El resultado se ha colocado en el centro de un fecundo debate en Reino Unido y Estados Unidos entre encendidos elogios y severas críticas.

El proceso de escritura del libro está enmarcado por acontecimientos en una secuencia que parece demasiado buena para ser verdad. Empezó a pensarlo en 2014, "después de que el electorado de India llevara al poder a los nacionalistas hindúes, y el Estado Islámico se convirtiera en foco de atracción para jóvenes de ambos sexos de las democracias occidentales". Lo terminó en la semana del Brexit y fue a imprenta en los días en que Trump ganó las elecciones en EE UU. Unos y otros acontecimientos salieron a relucir en una conversación celebrada en su pulcro estudio londinense.

PREGUNTA. ¿Dejó el futuro de ser sinónimo de progreso?

RESPUESTA. Ese es el cambio más dramático que estamos viviendo. La pérdida de la esperanza en un futuro mejor, que es la que ha dado sentido a nuestras vidas desde el amanecer de la era moderna. Como especie, confiábamos en esa mejora. De ahí viene gran parte de la ira. Con la modernidad llega la promesa de igualdad y prosperidad. La democracia liberal y capitalismo iban a procurárnoslas. Todos creímos en esa utopía, pero solo las élites disfrutaron de esa gran bonanza.

P. Como escritor de éxito… ¿No forma parte usted de esas élites?

R. No. Yo nunca fui a una universidad importante [estudió en universidades indias]. Mi pasado es muy distinto, muy poco ortodoxo. Puedo haber sido aceptado por ella, pero no pertenezco a esa élite.

P. Da últimamente la impresión de que continuamente sucede lo impensable. ¿Es esa una sensación nueva?

R. El sistema instaurado tras la II Guerra Mundial ha estallado. Hemos ingresado en una época de tremenda inestabilidad. ¡Pero si tenemos un troll de Twitter en la Casa Blanca, que además tiene acceso a las armas nucleares y carece de escrúpulos morales! Cualquier cosa puede pasar.

P. ¿No teme sonar alarmista?

R. No. Hemos vivido durante demasiado tiempo instalados en la fantasía. Es hora de abrazar un pensamiento apocalíptico. No tiene sentido pensar que todo va a ir a mejor. Hemos sido demasiado complacientes durante demasiado tiempo. Esa complacencia ha sido devastadora entre la clase intelectual, sobre todo la que escribe en los diarios. Por eso no vieron venir el triunfo de Trump ni el Brexit. Son culpables no solo por no anticiparlos, sino por facilitar esos desastres políticos.

P. ¿Fue usted capaz de preverlos?

R. Tuve un desagradable pálpito. Tras el triunfo de Modi en India, solo era cuestión de tiempo que el caos llegase a las democracias occidentales. Pero debo ser honesto: las dos cosas me chocaron.

P. ¿Tenía ese mismo pálpito con las elecciones de Francia?

R. Me temo que sí. Lo más inquietante es la juventud del electorado de Le Pen. Eso no sucede en otros países. No creo que Macron sea consciente del peligro que supone su contrincante. Sus políticas centristas no arreglarán los problemas estructurales y el Frente Nacional aumentará sus simpatizantes. Le Pen es la confirmación definitiva de la crisis de credibilidad y legitimidad de las instituciones en los países democráticos.

P. En EE UU, instituciones como The New York Times o The Washington Post parecen estar recobrando parte de esa credibilidad en su oposición a Trump.

R. Soy escéptico al respecto. Los votantes de Trump no leen esos diarios, y sí consumen canales de radio y televisión como Fox News o las noticias falsas que se difunden en Twitter y Facebook.

P. ¿Son las fake news algo nuevo?

R. Son más bien otro síntoma más de la pérdida de legitimidad de los medios. Recuerde que esos mismos medios apoyaron la guerra de Irak basándose en pruebas totalmente falsas, ese fue el mayor ejemplo de fake news de la historia reciente.

P. ¿Cree que es posible derrotar al Estado Islámico?

R. Es un error obsesionarse con ellos. No durarán mucho. Son un síntoma de algo mucho más grave: la generalización de la sensación de que es posible realizarse en la vida a través de la violencia. Muy probablemente pasará como con Al Qaeda, y el ISIS será reemplazado por algo mucho peor.

P. ¿Es esta también la era del nihilismo?

R. El ISIS representa el paroxismo del nihilismo. En los países mediterráneos, en los que la familia funciona como un elemento aglutinador, aún hay esperanza, pero el individualismo feroz de los países anglosajones, exacerbado por las nuevas tecnologías, solo puede traer más nihilismo. La globalización ha igualado los deseos de la gente, y eso ha hecho que se generalice la frustración.

P. En su libro cita un pasaje de Walden en el que Thoreau pide hundir los pies en el lodo de la opinión y el prejuicio para tocar el fondo duro de la realidad. ¿Es la realidad un concepto más inasible que nunca?

R. Nuestra relación con la realidad está profundamente mediatizada por la tecnología. La realidad viene hoy arropada por mentiras y engaños.

P. Al final de La edad de la ira renuncia a ofrecer soluciones.

R. Eso habría supuesto ir en contra de lo defendido durante el resto del libro. La única solución es dejar de hacer lo que venimos haciendo y dejar de destruir el planeta. Asumamos el pensamiento apocalíptico y démonos cuenta de que lo que estamos haciendo nos conduce inexorablemente al final.