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"La novela negra no es una enfermedad venérea"

Diario- Juan Carlos Galindo 19/05/2017
Bernard Minier y Philip Kerr cruzan impresiones sobre literatura, vida, crímenes y fútbol
 

Son dos gigantes de la novela negra europea, sus libros triunfan allá donde van, se manejan y saben manejar al público, pero se parecen en poco más. Bernard Minier (Beziers, 1960) y Philip Kerr (Edimburgo, 1956) reciben a EL PAÍS durante Valencia Negra, un festival que ha cerrado su quinta edición superando todas las expectativas. "Me da pereza. Somos todos terriblemente perezosos. Te tienes que inventar una respuesta cada vez y es una mierda", responde directo Kerr cuando se les pregunta por el agujero temporal entre la publicación de un libro en su país y la promoción en España. "Necesitas buena memoria. No me puedo imaginar cómo tiene que ser cuando llevas una carrera tan amplia como la de Kerr", replica Minier en un muy buen español que pronto abandona para que la entrevista sea en inglés y no el cruce francés-español-inglés que tan poco estaba haciendo por la comprensión.

Kerr y Minier son dos caras del éxito de la novela negra contemporánea. El primero, triunfa desde finales de los ochenta y principios de los noventa con La trilogía de Berlín (que ahora reedita en un solo volumen RBA) y ha llegado hasta los 12 libros con su protagonista, Bernie Gunther, uno de los grandes personajes del género en la actualidad. En La dama de Zagreb, último de la serie publicado en España, el superviviente nato que es Gunther, el campeón mundial del cinismo, se encuentra en plenitud de forma.

Minier, por su parte, es un funcionario de aduanas transformado en maestro del thriller a una edad más tardía; un autor que con las tres primeras novelas de su comandante Servaz supuso un impulso renovador al género en Francia.

Su forma de ver las cosas y de responder a las preguntas hablan por sí solas de cada personaje. "Esto ya no es cuestión de dinero" responde un altivo y punzante Kerr cuando se le pregunta si no tiene miedo a encasillarse en un personaje y en cómo se puede evitar la repetición. "Llevo desde los diez años contando historias. Pero la gente no quiere cosas nuevas. Mira a los que más venden. ¡Hacen el mismo libro todo el rato!", añade como si no fuera miembro del club.

"Se puede escribir otra cosa para escapar. Tras las novelas de Servaz, yo escribí un one shot (libro cerrado, sin más entregas) titulado Une putaine d"histoire", contesta Minier, enfrascado en la promoción de Nuit, la cuarta aventura de este peculiar comandante. "Crear un personaje así supone una relación especial con los lectores, que conocen a mis personajes mejor que yo", explica el autor de No apagues la luz (Salamandra). "Llega un lector de repente y te cuenta cosas de tu personaje que ni imaginabas y lo trata como si fuera una persona. Es sorprendente", completa el autor escocés.

El cisma llega de manera irremediable, entre pullas, sonrisas y alguna mirada torva, cuando se habla del género, de la salud de la novela negra, un tema que de no ser por lo jugoso que resulta, debería estar desterrado por tópico de la batería de preguntas de cualquier periodista especializado. Pero, créanme, mereció la pena. "Tengo una confesión que hacer", asegura Kerr. "No soy un escritor de novela negra. Muchos de ellos son unos gilipollas. Leemos libros, no novelas negras. Hay autores que hablan de las reglas del género. La única regla que hay que respetar es la que nos lleva a hacer buenos personajes y a escribir buenas novelas. El problema de la novela tradicional es que ha creído que la paciencia de los lectores dura para siempre".

"Estamos en un festival de género y hay un montón de escritores que dicen que no son autores de novela negra. La novela negra no es una enfermedad venérea", contesta muy serio Minier. "El problema es que sobran novelas, faltan filtros. Ese es el trabajo que deberían hacer las editoriales y que no están haciendo. Todos piensan que es el nuevo grial. En Francia el año pasado se publicaron 1.800 títulos de género negro entre novelas en francés y traducidas. Hay también demasiados festivales", cuenta Minier para explicar la amenaza a la que se enfrenta el género incluso en paraísos como Francia, donde el autor de El círculo lleva cientos de miles de libros vendidos.

"Sí, en Reino Unido es igual, cada jodida ciudad tiene su festival", contesta Kerr para buscar un punto de encuentro. El fútbol servirá para rematar el asunto. El autor de la serie de Scott Manson (RBA), un entrenador británico a través del que vemos la miseria del fútbol, es fan irredento del Arsenal y tiene muy claro por qué le gusta tanto el deporte rey y qué tipo de relación tiene con él. "Con el fútbol aprendes a desconfiar. En el fútbol está bien odiar al otro. No basta con que ganes, tu rival tiene que perder". También, sabe lo que no le gusta: "El dinero ha arruinado el fútbol. Ya no es un deporte, ya no es un juego, es un negocio".

Minier, aficionado del Olympique de Marsella, tira de Albert Camus para explicar lo que podemos aprender del fútbol y remata con una enseñanza. "Lo que tienen en común el fútbol y el género negro es que es muy complicado durar".