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"España no necesita otra reforma laboral, aunque lo diga Bruselas"

Diario- Claudi Pérez 08/08/2017
El ministro y economista explica su rechazo a reestructurar la deuda: "Hay que domar el mercado, no luchar contra él"
 

Ante una crisis oceánica, con el desempleo desbocado, serias dudas en los bancos y la deuda disparada, hay al menos dos opciones. España eligió un Gobierno conservador, pidió un rescate que aún hoy se resiste a llamar rescate y aplicó a rajatabla —al menos hasta 2015— el librillo de Bruselas: austeridad y reformas. Portugal optó por otra vía. Prefirió una alianza entre socialdemócratas, comunistas y el Bloco de Esquerda, en el que algunos ven un trasunto de Podemos, y se convirtió en un artefacto político de lo más extraño en esta época de entrecrisis. ¿Puede la socialdemocracia gobernar con la extrema izquierda y aprobar recortes para cumplir con Bruselas sin algaradas en las calles?

El ministro de Hacienda portugués, Mário Centeno, recibe a EL PAÍS en Santander tras una conferencia en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y cuenta que su Gobierno ha aprobado recortes, pero a la vez ha conseguido distanciarse de la austeridad a ultranza con una subida del salario mínimo, una rebaja del IVA de la restauración y del IRPF y mejorando los sueldos de los funcionarios. Todo eso contra el criterio de Bruselas, que ahora aplaude la primavera portuguesa. Centeno es tal vez el único ministro del Eurogrupo, incluido Luis de Guindos, que cree que España no necesita otra reforma laboral. "Diga lo que diga Bruselas", subraya este catedrático de Harvard especializado en el mercado de trabajo.

Pregunta. ¿Qué explica el subidón económico de Portugal?

Respuesta. Tras el parón de 2015 hicimos tres cosas. Una: sanear el sistema financiero. Dos: con la estabilización de la banca mejoró confianza de los consumidores y las empresas, que empezaron a invertir y crear empleo. Y tres, el cambio político: conseguimos superávit fiscal primario con disminución de la carga de impuestos. Y eso se tradujo en una mejora del empleo.

P. ¿Aprobó esa rebaja fiscal contra la opinión de Bruselas?

R. Al principio las cosas fueron difíciles con la Comisión, en parte porque nos veía como un Gobierno sin experiencia. Se equivocaban: hemos cumplido las metas fiscales y salimos del procedimiento por déficit excesivo.

P. Quedan dudas sobre el sector bancario. Y hay quien dice que la salida de la crisis es un espejismo: la deuda es muy elevada.

R. Hay matices. En Caixa Géral acordamos una recapitalización en condiciones de mercado. Y la morosidad es un problema general de los países que han sufrido crisis financieras y económicas. No es exclusivo de Portugal. Tras las medidas para sanear Caixa Géral y el acuerdo de venta de Novobanco, el impacto de la reestructuración que queda por hacer será reducido si las cosas salen bien. En cuanto a la crisis, el trabajo no está terminado, pero estamos ante un escenario más tranquilo, menos tenso.

P. ¿Descarta reestructurar la deuda, como pide alguno de sus socios de Gobierno?

R. Ese debate es interesante aunque solo sea en el plano intelectual. Pero no soy partidario de una reestructuración. Ni la teníamos en nuestros planes en la campaña electoral ni la contemplamos ahora: no se puede luchar contra el mercado. Hay que domarlo, no luchar contra él.

P. ¿Cómo aprueba un Gobierno socialdemócrata recortes con el apoyo parlamentario de la izquierda? ¿Pueden sacar alguna lección España y Europa de lo que es y no es capaz de hacer una coalición de izquierdas?

R. La lección fundamental es que las reformas necesitan tiempo, además de políticas de demanda, para funcionar. Esa no es la receta de Bruselas: por eso hay que explicarlo en el Eurogrupo. Pero esa tiene que ser la receta de la izquierda. Funciona: hemos aprobado presupuestos con restricciones, pero no hemos estigmatizado las políticas de demanda. Sería aún mejor que fueran políticas de estímulo europeas, porque los límites para países como Portugal son evidentes. Hemos conseguido hacer políticas de demanda y reducir la carga fiscal de la mano de nuestros socios de coalición, pero dentro de las reglas.

P. Todas las instituciones europeas están presididas por el centroderecha excepto el Eurogrupo, con el holandés Jeroen Dijsselbloem de salida. ¿Usted será candidato?

R. No voy a decir que no si hay una posibilidad.

P. ¿Habría apoyado a Luis de Guindos?

R. Tengo una relación muy buena con Guindos. Compartimos opiniones en algunos asuntos; divergimos en otros. Guindos tiene una visión sobre Europa distinta de la de algunos ministros de su partido. Y esa visión podría aprovecharse.

P. España ha hecho tres reformas laborales en cinco años. El paro baja, pero la precariedad es elevadísima. ¿Necesita España otra reforma laboral como pide Bruselas?

R. No, no creo que sea necesaria. No creo que la Comisión acierte con esas exigencias. Es casi lo contrario de lo que España necesita: tiene que haber reformas, pero insisto en que hay que dejar tiempo para que funcionen, y a la vez tienen que aplicarse políticas de demanda para activar la economía. Las reformas deben aprobarse para crecer, no para disminuir la proporción de la tarta que hay que repartir. Diga lo que diga Bruselas.

P. Portugal tiene un vicepresidente del BCE, un secretario general de la ONU, un expresidente de la Comisión muy reciente. España, con una población y una economía cinco veces mayor, no consigue hacerse con ese tipo de sillas. ¿Por qué?

R. Puede ser algo coyuntural. En nuestro caso, la explicación es que la diplomacia portuguesa ha sabido hacer un gran trabajo, batiéndose con éxito con países mucho mayores por esos puestos.