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La inflación escala hasta el 6,4% en México pese a las subidas de tasas

Diario- Ignacio Fariza 09/08/2017
Las autoridades confían en que el techo esté cerca, pero el incremento de precios pone de relieve la necesidad de subir el salario mínimo
 

La inflación sigue siendo la piedra en el zapato de la economía mexicana. Con el PIB creciendo al 3% interanual —por encima de las previsiones y de la floja expansión registrada en los últimos años—, las cuentas públicas arrojando superávit primario y un optimismo, quizá excesivo, sobrevolando la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) que empieza el miércoles, la evolución de los precios es el principal foco rojo. Y sitúa en primera línea el debate sobre la cada vez más necesaria mejora de los salarios más bajos.

En julio, según las cifras hechas públicas este miércoles por la oficina estadística mexicana, la inflación general repuntó un 6,44% respecto al mismo mes del año pasado y la subyacente —que descuenta los elementos más volátiles de la canasta de consumo, como los productos energéticos y los alimentos— ascendió al 4,94% interanual. Ambas van en línea con las previsiones de la mayoría de casas de análisis, que pronosticaban un aumento de la tasa general del 6,4% y del 5% en el caso de la subyacente, y marcan un nuevo máximo en más de ocho años.

Por grupos de productos, los alimentos –con el jitomate y la papa a la cabeza– fueron un mes más los que más se encarecieron, seguidos por las tarifas energéticas no autorizadas por el Gobierno (fundamentalmente, gasolinas). Las urbes más sacudidas por el repunte de los precios fueron Ciudad Acuña (Coahuila, norte), Aguascalientes (Aguascalientes, centro) y Jacona (Michoacán, centro).

Pese a lo negativo de los datos hechos públicos este miércoles, el final del túnel inflacionista debería estar cerca. Si los precios siguen la trayectoria descrita por el Banco de México en su último informe trimestral, habrán tocado techo en un punto intermedio entre julio y agosto y cerrarán el año con un aumento "mucho más cercano del objetivo [del 3%] de lo que el mercado cree", en palabras del gobernador Agustín Carstens. El Gobierno también apunta en la misma dirección. "Seguimos pensando que la trayectoria de la inflación va a ser decreciente", ha apostillado el secretario (ministro) de Hacienda, José Antonio Meade, pocas horas después de que se hiciese público el dato de inflación de julio. 

Las tasas de interés, la principal arma con que el banco central ha combatido el alza de precios, también deberían haber tocado ya su máximo. Tras diez subidas consecutivas en poco más de un año y medio para contener los precios y reequilibrar el tipo de cambio del peso frente al dólar, el precio del dinero está hoy en el 7%. Sin embargo, todo parece apuntar a que pese al dato de inflación difundido este miércoles, la política monetaria restrictiva está cerca de tocar a su fin: salvo sorpresa, el Banco de México apostará mañana por mantener los tipos.

Salarios a debate

El encarecimiento de la vida ha golpeado con mayor virulencia a las capas sociales con menos recursos. Con tres de cada 10 trabajadores mexicanos en el sector estrictamente informal —sin ningún tipo de prestación social o pensión futura, y sin cláusula alguna de revisión salarial—, las familias de menores ingresos son las que más lo están sufriendo. La inflación es, hoy por hoy, su peor enemigo. Y controlar los precios, la mejor política pública de ayuda a estos sectores.

Aunque los trabajadores informales son –al menos sobre el papel– completamente ajenos a la evolución de los salarios mínimos y la mayoría de empleados cobra más de un salario mínimo, el suelo diario de retribución por trabajador es el baremo sobre el que se edifica una parte de la estructura salarial mexicana. Y su mejora supondría una mejora en cascada. Hoy, un trabajador que ingresa el salario mínimo recibe poco más de 80 pesos (cinco dólares) por jornada laboral, una suma insuficiente para que una familia de cuatro miembros pueda comprar los alimentos más básicos a los precios actuales, y diversos colectivos —entre ellos, buena parte del empresariado— exigen a la comisión federal que fija su nivel una revisión al alza en las próximas semanas. De su decisión final dependerá el mantenimiento o no del poder adquisitivo de millones de mexicanos.