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Seducción de la fama

Diario- Iñigo López Palacios 27/10/2017
St. Vincent refina su estilo en Masseduction, disco de sonido expansivo impregnado por sus experiencias con la fama
 

Si yo fuera Cara Delevingne, estaría un poquito triste porque mi expareja haya afirmado que la canción más bonita que ha escrito en toda su carrera, "New York", no trata de nuestra ruptura. Claro que si yo fuera Annie Clark, la artista que firma como St. Vincent, también estaría dolida. Después de una impecable trayectoria de 10 años, que incluye cinco discos en solitario —seis si contamos el que hizo a medias con David Byrne, líder de Talking Heads—, parece que lo único que le importa al mundo es si un tema de dos minutos y medio va sobre su ex más famosa. Es la consecuencia de haberse convertido en los últimos años en carne de paparazis. Delevingne y Clark eran la pareja perfecta, jóvenes, elegantes y talentosas manejando con completa naturalidad su relación. Algo que no es tan raro como solía, pero tampoco tan habitual como debería. Para terminar de complicar la historia tras romper, Clark empezó a salir con Kristen Stewart. Cumplidos los 30, dejaba de ser la artista indie perfecta para ser la novia de.

Hasta entonces, Annie Erin Clark, texana de 1982, era exclusivamente músico. Compositora, cantante y guitarrista, ha sido parte de The Polyphonic Spree y del grupo de Sufjan Stevens. Había colaborado con The National o Andrew Bird. Era reclamada por sus mayores. Por los de los setenta, como David Byrne, pero también por los de los noventa. Cuando Nirvana sustituyó al fallecido Kurt Cobain por vocalistas femeninas en el concierto que marcaba la entrada del trío de Seatle en el Rock and Roll Hall of Fame, ella fue una de las cuatro elegidas junto a Joan Jett, Kim Gordon (de los extintos Sonic Youth) y Lorde. Y que en 2014 su disco homónimo ganara el Grammy a mejor álbum de música alternativa significó su aceptación por la industria.

En Masseduction, el mundo neoyorquino de lujo y fama en el que ha pasado los últimos años parece haberlo impregnado todo. Desde el título ("seducción de masas") o el diseño del producto, lleno de fotos satinadas y colores flúor, hasta la elección del productor, Jack Antonoff, el novio de Lena Dunham, un rey Midas implicado en el éxito de Lorde o compositor para Taylor Swift, que aparece como coautor de casi la mitad del álbum.

Eso explica los sintetizadores ochenteros y las cajas de ritmo que invaden gran parte de las canciones. Un sonido expansivo que remite al tecno pop de los ochenta, pero también a Alanis Morissette o Lady Gaga. Es un disco lleno de referencias que Clark no tiene ninguna intención de disimular. "Pills" acaba como una canción de Bowie de la etapa Ziggy Stardust. Masseduction podría haberlo firmado el Prince de Kiss. La St. Vincent más festiva está principalmente en la primera mitad, como cuando el vinilo era el formato dominante y el acto de dar la vuelta al disco significaba un cambio.

Es un álbum en el que cuesta entrar, las canciones de St. Vincent nunca han sido de las que se entregan a la primera, pero que gratifica el esfuerzo. Y "New York" es la canción de ruptura más sentida de 2017. La haya inspirado quien la haya ­inspirado.

St. Vincent. Masseduction. Caroline / Music As Usual.