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Erotismo, ¿el "ismo" más perfecto?

Diario- Ángela Molina 13/11/2017
El libro "The Art of the Erotic" ofrece un recorrido de 2.500 años por las imágenes del erotismo en la historia del arte oriental y occidental
 

En 1886, Gustave Courbet pintó El origen del mundo, un pequeño cuadro que reproducía un desnudo recostado de mujer desde la mitad de los muslos hasta el pecho. Se lo encargó un bon vivant turco llamado Khalil Bey y dos años más tarde fue adquirido en subasta por el anticuario Antoine de la Narde. Tras la Segunda Guerra Mundial, la pintura acabó oculta en la casa campestre del psicoanalista Jacques Lacan, en Guitrancourt.

Es bastante seguro que Marcel Duchamp conociera en vida aquel cuadro —que pasó a formar parte del patrimonio francés en 1981— aunque nunca lo consiguió ver al natural, sino en reproducciones. Courbet siempre había rondado los pensamientos de Duchamp, un artista para quien lo retiniano era el fundamento del concepto (la cosa mentale de Leonardo). Así que trasladó aquella idea a su obra póstuma, Étant donnés, una instalación visible a través de una doble mirilla que descubre una escena cuidadosamente iluminada donde se ve el cuerpo de una mujer tumbado boca arriba sobe un montón de ramas. La figura está abierta de piernas y muestra su sexo rasurado al espectador. En Étant Donnés, la apariencia y la aparición, la mente y el cuerpo, se funden en el erotismo, el único ismo en el que Duchamp creía de verdad. Picasso tampoco se quedó corto. Para él, "sexo y arte son la misma cosa".

La última novedad editorial de la prolífica Phaidon, The Art of the Erotic, es un recorrido de 2.500 años por las imágenes del erotismo en la historia del arte oriental y occidental, desde los mosaicos de Pompeya hasta Miguel Ángel, Rembrandt y Picasso, las instalaciones de Bruce Nauman, las performances de Carolee Schneemann, los trabajos en vídeo de Pipilotti Rist o las fotografías de Nan Goldin y Robert Mapplethorpe. El periodista cultural Rowan Pelling firma los textos explicativos bajo la premisa de que el erotismo no tiene por qué ser sucio o banal. Muy de acuerdo. Sobre todo porque la barrera entre erotismo y pornografía lleva construyéndose desde hace algunos lustros sobre el terreno de la economía del arte. El mercado es en realidad esa habitación oscura, tan pornográfica.