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"Me parece escandaloso que Trump defienda a Putin"

Diario- Alicia González 14/11/2017
El exembajador de EE UU en España advierte de la injerencia de Rusia en las democracias occidentales
 

Hace ya cuatro años que Alan Solomont (Boston, Massachusetts, 1949) dejó España tras un mandato como embajador de EE UU, pero sus vínculos con el país siguen siendo numerosos y diversos. "Primero por los amigos que Susan [su mujer] y yo hemos dejado", apunta sin dudar. Después por los negocios: es consejero de Mapfre USA y de la filial estadounidense de Iberdrola, entre otras. Y también por los lazos institucionales, como presidente de la Cámara de Comercio Estados Unidos-España, el cargo que le ha traído esta semana a Madrid.

Pregunta. ¿Ha cambiado mucho la situación de España en estos años?

Respuesta. ¡Ha cambiado incluso desde la última vez que estuve aquí! Ahora solo se habla de Cataluña y mis amigos en EE UU están muy preocupados por la seguridad y lamentan que sea un tema que cause tanta división porque eso es lo único que leen sobre España.

P. ¿Cree que el tema catalán está perjudicando a la imagen exterior de España?

R. Me temo que sí, se ha visto dañada la imagen pero también la economía. Ha habido un claro descenso del turismo en Cataluña y sé de proyectos que han decidido esperar a ver qué pasa.

P. ¿Y qué puede decirnos de las injerencias rusas en el proceso catalán?

R. No tengo información concreta del tema catalán pero me resulta alarmante la intromisión de Rusia en nuestras democracias, que estuvieron amenazadas en el caso de EE UU y quizás también lo esté en el catalán. La ciberseguridad es uno de los grandes temas del siglo XXI, al que apenas nos acabamos de enfrentar. Antes nos preocupábamos de la posibilidad de un corte de electricidad, de que se contaminase el suministro de agua y no nos preocupaba tanto la posibilidad de una injerencia a través de la opinión pública. Ahora acabamos de sufrirlo y resulta estremecedor.

P. ¿Qué respuesta exige esa nueva amenaza?

R. Creo que debemos tomarnos este tema mucho más en serio, empezando por nuestro Gobierno, e invertir en las herramientas y los medios para combatirlo. Lo que los rusos hicieron en las elecciones presidenciales de 2016 afectó sin dudas al resultado y todos los que creemos en la democracia, dentro y fuera de Estados Unidos, deberíamos estar preocupados por ello. Tenemos que invertir recursos intelectuales, financieros y militares para combatir esta amenaza. De lo contrario, todo el trabajo que hemos hecho para construir y garantizar nuestras democracias será inútil.

P. No parece que su Gobierno y, en concreto el presidente Trump, comparta esa preocupación.

R. Me parece escandaloso que el presidente critique a las agencias de inteligencia estadounidenses y defienda a Vladímir Putin. Absolutamente escandaloso. Dicho esto, el resultado de las elecciones ha sido el que ha sido y debe respetarse. Y ese respeto pasa por combatir el resultado desde las urnas.

P. ¿Cree que el resultado obtenido por los demócratas en varios Estados indica el inicio de un cambio político en EE UU?

R. Creo que parte del éxito es consecuencia del rechazo de los ciudadanos a las políticas de Trump pero creo que el futuro del Partido Demócrata pasa por establecer vínculos sólidos con los jóvenes. En EE UU, los políticos no se dirigen a los jóvenes, porque habitualmente no tienen una alta participación en las elecciones. Y, sin embargo, representan la mayor bolsa de posibles electores y son la generación más numerosa del país. Así que tienen capacidad real para cambiar el panorama político.

P. ¿Asistimos al fin del papel de EE UU como líder global?

R. Cuando estuve en España como representante del presidente Barack Obama [2009-2013], el principio que guiaba nuestra política exterior era que los retos eran demasiado grandes para que sólo EE UU pudiera resolverlos por sí solo pero que ninguno podía resolverse sin América. Ahora se ha producido un giro radical en esa visión y creo que es muy dañino para EE UU y para el resto del mundo. Y uno de los mejores ejemplos es el abandono del Acuerdo de Asociación Transpacífico por parte de esta Administración. No se trataba solo de comercio sino de geopolítica y de fijar nuevas normas en las relaciones internacionales. Esperemos que podamos cambiar ese rumbo antes de que el daño sea irreparable.