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Hermenegildo Sábat, el retratista que incomoda al poder en Argentina

Diario- Ramiro Barreiro 14/11/2017
El caricaturista de 84 años es premiado por su larga trayectoria de periodista y dibujante
 

"Vengo al diario desde 1973, todos los días, salvo los fines de semana". El dibujante Hermenegildo Sábat (Montevideo, 1933) habla con EL PAÍS desde su pequeño espacio en la vieja redacción de Clarín, un cuarto de tres por dos metros empapelado de fotos de personalidades. Desde el clarinetista Artie Shaw hasta su nieto Pedro, pasando por quien considera "el mejor de los argentinos", Jorge Luis Borges, pero también Barack Obama, Astor Piazzola, Roberto Arlt, John Lennon, Mandela y Groucho Marx. Todos entran en la burbuja de este periodista de 84 años, un hombre que vive entre rostros e indaga en sus rasgos para transformarlos en caricaturas. Las más famosas del periodismo gráfico en Argentina.

Sábat termina el año con una condecoración más: el premio Konex de platino, por su extensa trayectoria que, además de Clarín y La Nación lo tuvo en las extintas redacciones de Primera Plana y La Opinión. Fue en este último que decidió abandonar las letras para dedicarse a las ilustraciones. Aunque bromea con discreción: "Yo creo que la escritura me abandonó a mí" y reconoce que "yo no uso la palabra y creo que gracias a eso estoy vivo, sino hubiese sido boleta [asesinado]".

El periodista comenzó el 2017 protagonizando una fuerte polémica con la expresidenta Cristina Fernández, a quien dibujó con una cruz en la boca, para graficar una noticia sobre escuchas telefónicas en la que Fernández llama "pelotudo" a su asesor, Oscar Parrilli. La exmandataria relacionó la publicación con la violencia de género que a diario azota Argentina. "¿Nos quieren calladitas y obedientes?", se preguntó. No es la primera vez que Fernández cruza a Sábat, quien también la retrató con vendas en la boca, de rodillas ante los fondos buitre y hasta con un ojo morado.

En su momento, el dibujante hizo su descargo en las páginas del diario Clarín: "Me ha tocado dibujar a Billie Holiday y Alicia Moreau de Justo; a Tita Merello y a Frida Kahlo, pero en ningún caso, hasta ahora, se me acusó de abusar, opinar o atacar de manera canallesca al sexo femenino". Lo cierto es que Sábat no quiere ver a los Kirchner ni en dibujos. Incluso, reconoce a este diario estar "feliz de que el resultado de las elecciones haya sido el que fue (la victoria nacional de Cambiemos), porque creo que el sistema de gobierno ofrecido por la familia Kirchner era realmente una involución".

"Evidentemente, el objetivo de esta familia era el dinero, nada más. Es muy difícil entrar en los meandros de las cabezas kirchneristas pero después que se ha demostrado que esta gente robó miles de millones de dólares, ¿Cómo puede haber gente que los apoya?", se pregunta el dibujante.

El hombre se muestra auspicioso con el gobierno de Macri, aunque entiende que "esto no se arregla con palabras, se arregla con mucho tiempo de comprensión de otras cosas". "En Argentina hay muchos analistas políticos que están totalmente desconcertados con la aparición de Mauricio Macri, porque no responde a la formación tradicional. Trabajó en las empresas del padre y estuvo becado en Estados Unidos, una serie de cosas que son ajenas a las normales y, encima, toma medidas que siguen desconcertando a la gente, porque no saben para que lado va ni tienen con que compararlo".

Y claro, le ha tocado dibujarlo: "Cuando se cumplió la fecha del bicentenario Macri, como jefe de gobierno, me entregó una medalla. Cuando se acercó me dijo "mi mamá me dice que me haces con la nariz muy grande" y yo tomé nota. Acá los vaivenes del humor son curiosos. Yo hice a Menem ocho años agarrado de la silla y nunca me dijo nada. Estaba preocupado por otras cosas. Yo creo que la gente se apura mucho en calificar las cosas y tengo la impresión de que esas opiniones son injustas y equivocadas".

Luego de varias décadas de oficio, Sábat reconoce que la realidad ya no le conmueve. "A mí lo que me conmueve es la profesión", aclara, "eso está por encima y más allá. No soy una heladera, pero trato de ubicarme. La última noticia que me conmovió ha sido lo que pasa en Cataluña porque tengo algún porcentaje de mi sangre catalana".

El periodista nació en Montevideo, Uruguay, pero se hizo argentino "para poder votar", un lujo que muchos de su edad recién se dieron de adultos, conforme los vetos impuestos por las continuas dictaduras militares en la región. "El término democracia sirve para cualquier cosa, para mí es una sola, el gobierno del pueblo", sintetiza y luego amplia que "el carácter de la democracia en este país es bastante peculiar. Yo diría que se está avanzando, pero acá hay cosas que ahora se están afirmando, por ejemplo, que es una sociedad cómoda".

Sábat hace una extensa pausa antes de responder, en cierto momento se dice en voz alta "tengo que tener cuidado con las cosas que digo", y hasta elige no responder, por ejemplo, cuando se le pregunta por el Papa Francisco.

En esos lapsus de reflexión repasa una y otra vez las fotografías que cuelgan en la pared, los arquetipos de su propia expresión. Casi siempre repasa el retrato de Pedro, su pequeño nieto. Al ser consultado sobre el país que le dejamos a él y al resto de los niños, responde casi sin pensar: "Si el país se limpia y si los ejemplos que vienen desde arriba son importantes va a ser un gran país. Pero tiene que suceder eso: que los ejemplos vengan de arriba porque hasta ahora esos ejemplos han generado catástrofes. Este es un país muy ansioso. Yo tengo 84 años, pero no tengo apuro".