Textos y fotos »

¿Quiere unos Manolos más asequibles? Aquí está el Wallapop del lujo

Diario- Silvia Hernando 06/12/2017
 

AHORA ESTÁ divorciado, pero hace ocho años, quien era su esposa tenía un "problemilla"con los bolsos de marca. Especialmente los de Céline. Se pirraba por ellos, "aunque al final siempre llevaba uno de Gap", se ríe Sébastien Fabre. "Le encantaba comprarlos y luego se le acumulaban". Por entonces,  este francés de 47 años y sonrisa agazapada bajo la barba se dedicaba a las finanzas en  Washington. Casi nada que ver con su actual ocupación como CEO de la plataforma online Vestiaire Collective, radicada en París. "Era un mal banquero", admite: "Aquello no era para mí".

Cuando aparcó su carrera para "crear su propia historia", esos conocimientos no cayeron en saco  roto. Con ellos y un puñado de amigos montó su portal de venta de artículos de lujo usados, que se ha convertido en una de las mayores empresas de sus características, con más de 6.000 artículos recibidos al mes que despachan a 52 países. Entre ellos España, que se ha revelado como un inesperado caso de éxito: "Hay más gente pudiente de lo que pensarías", asegura.

Con el tiempo, cada vez más clientes han ido abrazando la idea —en principio desconcertante, como reconoce Fabre— de un mercado de productos de lujo de segunda mano y, por ello, más asequibles. También se ha dado un cambio de mentalidad entre los vendedores, especialmente los más selectos, para quienes en 2013 se creó un servicio vip. "Queríamos responder a las necesidades de gente que posee muchas cosas pero no tiene tiempo para venderlas", explica el responsable del departamento, Henrique Fernandes. En general, quien desee dar una nueva vida a —pongamos— su chaqueta de Dior o a su reloj de Cartier, envía una foto a la oficina de VC, estos le sugieren un precio ajustado a las características y estado del producto y a partir de ahí se pone a la venta en la web. Para los famosos ofrecen este servicio vip a domicilio y anónimo con una comisión del 35%, frente al habitual 25%.

Situado en una zona semiindustrial, el edificio de VC se parece a cualquiera de los alrededores. Dentro se despliega la magia: bailarinas de Chanel, collares de Van Cleef & Arpels o mitos como el Birkin de Hermès pueblan los espacios de trabajo. Victoire Boyer, una joven de ojos inteligentes y taza de café en mano, se encarga de comprobar con su equipo que, antes de enviarlos al comprador final, los productos que les llegan no son imitaciones. En esos ojos y esas manos, entrenados para detectar detalles casi imperceptibles, reside el éxito de la compañía: ellos certifican que lo que se adquiere es sin duda auténtico. "Los compradores repiten el 70% de las veces", presume Fabre, que ya imagina tiendas físicas como el siguiente paso en su carrera por democratizar el lujo. "Me encanta este ecosistema", zanja. "Aquí aún hay hueco para la creatividad".