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El hombre que pisa todos los charcos

Diario- Juan Cruz 13/03/2018
Javier Marías publica "Cuando los tontos mandan", una recopilación de artículos escritos en "El País Semanal", algunos de ellos motivo de grandes incendios
 

Lo crucifican por todo, incluso por lo que no dice. En la última columna de su actual temporada (También uno se harta, EPS, 11-3-2018) ya expresa ese hartazgo de ser el blanco de las iras de quienes no lo leen, sino en los resúmenes que escupen sobre lo que él opina. "Yo no escribo para provocar, sino para intentar pensar lo no tan pensado", dice. Una breve referencia a Gloria Fuertes, santificada en su centenario incluso por quienes la leyeron cuando tocó la campana de la unanimidad, le costó insultos: que se calle Marías. Y él simplemente había pensado sobre lo no pensado. Anatema. En todos los charcos se mete: en los de la política, en los de su oficio, en los del periodismo, en los de lo políticamente correcto. Y por todo alcanza, no importa que diga lo contrario de lo que se proclama que dijo. Él piensa sobre "lo no pensado", y este es el charco mayor de sus entrometimientos.

Los que no lo han leído y sin embargo ya saben todo lo que dijo para explicar por qué seguirán no leyéndolo harían bien en hacerse con este volumen que recoge lo que escribió en El País Semanal desde febrero de 2015 a enero de 2017. El volumen se titula como la última columna de la serie, Cuando los tontos mandan. Y la verdad es que no podría tener mejor emblema esta recopilación, pues la mayor parte de sus artículos avisa de lo que ocurre cuando, en efecto, aquellos que él encuentra haciendo o diciendo tonterías mandan en la sociedad que nos es contemporánea. Por muchos de esos artículos se armaron grandes incendios (dentro y fuera de la Red). Leídos conjuntamente ofrecen, sin embargo, un aire de moderación que sitúa a Marías en un escritor más bien comprensivo con el desastre que nos rodea. Porque algunas de sus reflexiones han quedado sobrepasadas (en Madrid, en Cataluña, en el Gobierno, en los Gobiernos, en la puta calle) por desastres mayores ocurridos en los charcos en los que se suele meter Marías.

Su capacidad de desmontar lo obvio irrita a los que lo siguen de reojo. Para explicar el infierno cotidiano que él contempla y disecciona utiliza una vieja técnica que el periodismo haría bien en recuperar. No hay una columna de Marías que no proceda de la información o de la estadística. O de la experiencia propia, explicada hasta en sus más íntimos detalles. Y no hay un solo juicio que no tenga el valor de haber sido dilucidado por su manía de pensar lo no pensado. Él solo aporta, con las noticias que da, un punto de vista que entra por la puerta trasera, allí donde otros no se fijan, o por comodidad o por otras conveniencias. Marías es un escritor dotado, también en sus novelas, para mirar hacia todas las dimensiones del paisaje humano. Y a hacerlo con libertad, humor y rabia, como los mejores que ha habido de su clase. Es fuera del contexto donde halla su contexto; desarrolla sus opiniones desde una posición excéntrica, y eso no se perdona, pues es más rentable opinar para obtener aplauso que para excitar un pensamiento crítico. Leerlo ahora todo seguido explica muy bien al Marías civil, y desmiente a ese Marías que, según algunos, es trending topic (qué será eso, se pregunta) porque todos los días se levanta quisquilloso. Léanlo entero, verán que los quisquillosos son los otros. Léanlo entero, y léanlo todo. Métanse en sus charcos, saldrán más limpios.

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