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Aventuras amorosas con un caballo

Diario- Tereixa Constenla 19/03/2018
La dibujante gallega Xiomara Correa debuta con un cómic irreverente sobre las relaciones de pareja
 

Xiomara Correa (Vigo, 1983) no cree en príncipes azules, pero cree en los caballos. En los equinos como símbolos de nobleza, fuerza, sensibilidad y veganismo, en las antípodas de un macho alfa depredador. "Te pueden ayudar en muchas cosas. Si los sacamos directamente del mundo de las ideas de Platón es un animal bello y sería una pareja perfecta". Así que el día que decidió crear unas historietas sobre amores, un poco autobiográficas, un poco graciosas, un poco radicales, pensó en un caballo tolerante, pasional y atento como acompañante apropiado. "Tampoco pensaba hacer más allá de cuatro páginas, pero cuando las enseñé en Facebook a los amigos, todo el mundo empezó a decir que quería más", recuerda la dibujante, que ahora vive en Barcelona, durante una entrevista por teléfono.

A partir de 2009 la relación entre Chavala y Caballo creció en páginas y popularidad. Los originales que Correa sacaba a la venta en los pubs de Vigo se agotaban. En 2011 autoeditó un libro sobre la pareja de un centenar de páginas, al que le seguiría otro en 2016. No todo era jijí jajá. Los críticos opinaban que dibujaba mal, que era una creadora inconstante. Hasta que Jaume Bofill, director de Reservoir Books, contactó con ella y tardó poco más de 24 horas en ficharla. "He redibujado todo el libro, va a color, y son casi 200 páginas, está más currado", explica.

Después de conocerse en un concierto de Amy Winehouse, Chavala y Caballo inician una relación como tantas, que incluye sexo, convivencia, desencuentros y dudas. Una de tantas si no fuese un atentado contra la biología, lo políticamente correcto y lo convencional.

-¿Te acuerdas de la primera película que vimos juntos?- pregunta ella desde el sofá.

-Pues no, la verdad... Y manda huevos que vayamos a ver Titanic - responde el equino antes de tumbarse en paralelo a su novia y recordar sus primeras horas de sexo.

Caballo fríe huevos y hace cunnilingus. Esnifa coca y se siente un unicornio durante una alucinación con setas. Cuando su novia encuentra un trabajo interesante que la obliga a viajar, se ocupa de las tareas domésticas. Cuando ve que la relación deriva hacia el compromiso, sale por patas. Xiomara Correa parodia la vida misma, con sus momentos de desenfreno y sus ataques de pánico, con sus dosis de ternura y sus peajes de rutina. Pero dota a su historia de unos códigos reivindicativos. Otras relaciones son posibles: "Pretendía contar una especie de viaje por una historia de amor que fuese libre, que no tuviese ataduras".

En las páginas de Mi novio caballo se intuyen rastros de autores provocadores como el australiano Simon Hanselmann, que triunfa con una serie underground cuajada de seres condenados a la economía del lumpen, inspirada en todos los que conoció en su niñez. Los personajes de Hanselmann sobreviven para acumular subidones, pueden ser crueles y no tienen esperanza. Los de Xiomara Correa participan de las raves y las drogas de la clase media, pero su presente desprende tanto optimismo como se podría atribuir al dibujo näif de la autora gallega. Incluso cuando las cosas van mal, lo hacen de una manera que está bien, como una transición hacia el crecimiento personal y la maduración.

Inevitable también pensar en Julie Doucet, la autora canadiense que durante una década dibujó, fotocopió y distribuyó por las tiendas de Montreal un fanzine que llamó Dirty Plotte (Chocho sucio), donde narraba con humor y salvajismo la búsqueda de sí misma. Xiomara Correa ha legado a Chavala muchos de sus rasgos personales, pero su álbum no viaja a los suburbios de la propia identidad: "Creo que la historia tiene incluso un punto conservador y también creo que hay mucha gente que trabaja y desfasa o dice palabrotas, como dibujo en el cómic".

Con sus viñetas frescas, "expresivas y cero pretenciosas, no quiero parecer una superilustradora, pretendo que los personajes muestren sus sentimientos", Xiomara Correa debuta en la industria -al igual que Doucet, también fue antes una vieja amiga de la autoedición- con una historieta underground. Fan de Álvarez Rabo, que ocultó su identidad durante años, que presume del poco tiempo que invierte en dibujar y que milita en la provocación, juega con el sexo con similar descaro. "Me marcó bastante su sentido del humor, me tronchaba con él", elogia la autora. Desde la contracubierta del cómic, Álvarez Rabo, firmando como dependiente de El Corte Inglés, le devuelve el guante: "Cuando algo es auténtico suelen pasar tres cositas: es universal, lo nota todo Cristo e irrita a la caterva de mediocres".