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Macron recibe críticas de la oposición por la intervención en Siria

Diario- Marc Bassets 16/04/2018
La izquierda alternativa y la derecha tradicional reprochan al presidente francés que actuase junto a Trump y sin el aval del Consejo de Seguridad
 

El mito de la "unión sagrada", el cierre de filas francés al inicio de la Primera Guerra Mundial, pertenece a los libros de historia y a ocasiones más trascendentales. El debate en la Asamblea Nacional y en el Senado sobre la intervención militar en Siria permitió el lunes visualizar la falla que hoy divide la política en Francia. La izquierda alternativa y comunista y la derecha tradicional reprocharon al presidente Emmanuel Macron que actuase sin la ONU y se alinease con Donald Trump.

El ataque militar a instalaciones sirias el sábado ha propiciado una fotografía del momento político francés.

Macron, que al ordenar el sábado el ataque conjunto con Estados Unidos y Reino Unido ejerció por primera vez como presidente en guerra, cuenta con el respaldo de la mayoría gubernamental y de otros grupos afines del centro y el centroderecha. También, del Partido Socialista, cuyo último presidente, François Hollande, intervino en el Sahel y en Próximo Oriente, y abogó durante su mandato por un ataque contra las instalaciones químicas del régimen de Bachar el Asad, similar al de Macron. Es una coalición de los partidos de gobierno más los socialistas, que lo han sido hasta hace poco y, pese a su crisis profunda, quieren ser tratados como un partido capaz de volver a gobernar.

Enfrente, el presidente tiene una coalición heterogénea y transversal que agrupa a las fuerzas de la izquierda alternativa y de la extrema derecha, fuerzas antiatlantistas y contrarias a la actual Unión Europea. Lo significativo tras el ataque en Siria es que, a estos grupos, que a veces se han definido como populistas y que en algunos casos se inscriben en el antiamericanismo y la tradición prorrusa francesa, se ha sumado el partido tradicional de a derecha moderada, Los Republicanos, el partido de los expresidentes Nicolas Sarkozy y Jacques Chirac.

El domingo, el nuevo líder de la derecha, Laurent Wauquiez, declaró que no entendía "la utilidad ni el sentido" de "golpear por golpear, para dar la sensación de hacer algo, sin que haya una estrategia detrás". "La prioridad internacional del presidente debe ser luchar contra los islamistas", añadió.

En el debate parlamentario, los representantes de su partido precisaron las críticas. "Consideramos que el derecho internacional refuerza la voz de Francia. Al alinearnos con las posiciones americanas, renunciamos a una forma de singularidad francesa", dijo en la Asamblea Nacional Christian Jacob, presidente del grupo de Los Republicanos, el primero de la oposición.

Jacob fijaba así dos de las críticas más reiteradas a Macron. La primera apunta a que la intervención se realizó sin un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que situaría a Francia fuera del derecho internacional. La defensa del Gobierno francés, representado en la Asamblea Nacional por el primer ministro, Édouard Philippe, es que el veto ruso impedía la aprobación de la ONU, y que, de todas maneras, la operación contaba con un marco legal: múltiples resoluciones del Consejo de Seguridad y tratados y convenciones internacionales que prohíben el uso de armas químicas.

La otra crítica tiene que ver con la convergencia de intereses entre Macron y Trump, una aparente renuncia de Francia a su soberanía para someterse a los vaivenes del líder errático e imprevisible de una potencia extranjera.

El domingo, en una entrevista televisiva, Macron dio a entender que, más que seguir él los designios de Trump, fue al revés. "Hace diez días, el presidente Trump decía que Estados Unidos consideraba irse de Siria. Nosotros le convencimos. Le convencimos de que era necesario quedarse, permanecer de manera duradera", dijo. Y, en alusión a las bravuconadas a Siria que Trump profirió en las redes sociales, añadió: "Le convencimos de que había que limitar los ataques a las armas químicas".

Macron insiste en que el ataque en Siria no es una declaración de guerra. Si lo hubiese sido, habría tenido que pedir permiso al Parlamento, según el artículo 35 de la Constitución de 1958. El citado artículo precisa que "el Gobierno informa al Parlamento de su decisión de hacer intervenir a las fuerzas armadas en el extranjero a más tardar tres días después del inicio de la intervención". "Esta información", añade, "puede dar lugar a un debate sin voto". Es el que de celebró el lunes.

Más previsibles que los de Los Republicanos fueron los argumentos de la izquierda alternativa de Jean-Luc Mélenchon. El tribuno de La Francia Insumisa amentó que la intervención se hubiese decidido "sin pruebas", "sin mandato de la ONU", "sin ningún aliado de la Unión Europea" y "sin objetivos políticos precisos". El Frente Nacional, contrario a la intervención militar, no intervino, al carecer de grupo parlamentario. Es la paradoja del sistema francés: el partido que obtuvo más de 10 millones de votos en las últimas elecciones presidenciales lo tiene difícil de hacerse oír en la Asamblea Nacional.