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Óscar Muñoz: "Toca vivir seleccionando imágenes"

Diario- Gloria Crespo MacLennan 19/04/2018
Recientemente galardonado con el premio Hasselblad, el artista colombiano exhibe su obra en la Fundació Sorigué de Lleida
 

A primera vista, la serie de pequeños espejos que cuelgan en una de las paredes de la Fundació Sorigué parecen vacíos. Sin embargo, cuando el espectador se acerca y respira sobre alguno de ellos, en ese efímero instante, verá como su imagen reflejada es remplazada por el rostro no identificado de un ciudadano colombiano desaparecido, que retorna fugazmente gracias al soplo de vida del observador. La obra, denominada Aliento, pertenece a Óscar Muñoz (Popayán, Colombia, 1951), quien durante más de cuatro décadas lleva ahondando en el tema de la memoria, el tiempo y la realidad; en el ser como una realidad dinámica, envuelto en un ciclo donde lo efímero se enfrenta a lo eterno, la vida a la muerte.

Des/materializaciones es el título de la exposición que dedica la fundación al artista colombiano, cuyo reconocimiento como uno de los creadores más destacados del panorama actual le ha valido el pasado mes de marzo el prestigioso Premio Hasselblad 2018. "En una era de creciente incertidumbre política mundial y estados de ansiedad elevados, las obras de Óscar Muñoz sirven para recordarnos cuán frágiles somos. A través del amplio trabajo que ha producido, lo que es evidente es que está decidido a que no olvidemos los episodios de la historia que a menudo se borran cultural y políticamente", destacó Mark Sealy, presidente del jurado del premio. La muestra ha sido comisariada por el propio autor junto con Ana Vallés, directora de la fundación. Incluye catorce de los trabajos realizados por Muñoz a lo largo de su trayectoria artística, en los que utiliza la fotografía, el vídeo, el dibujo, o recursos como el papel quemado, el vaho o la luz, entre otros.

La fotografía es una disciplina esencial en la obra del artista. Sin embargo, nunca la ha practicado en el sentido estricto en el que la solemos entender, situado detrás de una cámara. Ya siendo un estudiante de Bellas Artes utilizaba instantáneas como referencia para sus dibujos. "Viéndolo desde la perspectiva actual puedo decir que soy fotógrafo, como cualquiera lo es hoy", señala el artista, "y que, aunque antes de la fotografía digital nunca me consideré un fotógrafo en el sentido de operador de los instrumentos fotográficos, sí he practicado la fotografía, partiendo de sus usos, de sus paradojas y de sus particularidades".

Con Cortinas de baño (1985-1986) comenzará a experimentar con soportes no convencionales. En este proyecto trata de imprimir una imagen a través de la técnica de la serigrafía en un soporte inestable, una cortina de plástico. Al rociar esta con agua en el momento de dibujar se impide la fijación del pigmento. La exploración de la carga simbólica de los materiales, las sustancias y los procesos físicos es algo que caracteriza a su trayectoria en su afán por encontrar formas no tradicionales. "Mi búsqueda parte de una necesidad por establecer una relación que me interese entre los materiales, tanto las que hacen de soporte como las que pigmentan, pero no como mero interés de experimentación". La luz, el agua, el aire y el fuego vertebran la obra del artista, "son materiales que me han interesado por su poder, por su carácter como materiales constitutivos y esenciales, elementos vitales de la vida".

La exposición invita a una reflexión sobre la imagen. Las obras exploran los momentos anteriores y posteriores la fijación de una imagen a un soporte y cuestionan la credibilidad del medio fotográfico. Así lo hace el vídeo Re/trato (2004), donde el artista no consigue concluir su autorretrato; utilizando el agua como una tinta que pinta sobre una losa de cemento expuesta al sol, el calor borra las líneas que incesantemente el autor trata de repetir sin que nunca resulten iguales. ¿Cómo puede la fotografía no parar el tiempo y cómo puede un retrato no congelar la imagen sino prolongar su existencia?, nos plantea Muñoz. "He intentado en mi trabajo acercarme a ese instante crítico y decisivo de salvación y destrucción de la imagen; donde se fija o no, para formar parte del pasado", señala el autor quien dice estar interesado en lo que podríamos llamar la "visualidad" de las imágenes que nos bombardean a diario. A pesar de la insistencia de los medios de comunicación en que fijemos aquello que quisieran que siga en nuestra memoria, "tenemos una capacidad de almacenamiento limitada, eso quiere decir que toca vivir seleccionando, un ejercicio que supone reemplazar, por eso su fragilidad, su dificultad de supervivencia".

Fundido a blanco (2010) es un trabajo autobiográfico, un retrato familiar. En vez de fijar al personaje en un momento preciso como lo haría una instantánea, Muñoz nos propone un retrato que se desarrolla en el tiempo. Ha sido considerado como una de sus obras más conmovedoras, quizás porque nos enfrentamos a un sujeto en vez de a una representación genérica.

Existe un claro propósito por trascender la barrera contemplativa impuesta por la obra, de esta forma, el espectador y el espacio desempeñan un papel clave en la obra del artista. "Es el espectador el que permite, o no, que la discusión o el diálogo que propone el trabajo se desarrolle, o quede un rastro, o los sedimentos de una pulsión", señala el autor. "Me gustaría pensar que hay metáforas en la naturaleza de mi trabajo, que hay una fuerza poética y un carácter político también", destaca Muñoz. "Pero todas estás cosas, digo no sé si están allí, me gustaría que estuvieran porque he trabajado para alcanzarlo, pero no soy yo el que pueda decirlo, será entonces con el espectador, a partir de su experiencia".

Óscar Muñoz: des/materializaciones. Fundació Sorigué. Lleida. Hasta el 17 de junio.