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Primavera, verano, otoño y haiku

Diario- Javier Rodríguez Marcos 27/04/2018
Jesús Munárriz reúne en "Capitalinos" sus haikus urbanos sobre el paso de las estaciones en Madrid
 

Hace ya cinco años que la colección La Veleta de la editorial Comares publicó Un viejo estanque, una "antología de haiku contemporáneo en español", que reunía a 135 autores. Fue un hito que sirvió para hacer recuento de la presencia en la poesía en lengua castellana de la famosa estrofa japonesa de 17 sílabas distribuidas en tres versos (5-7-5). En los últimos meses esa ya nutrida presencia se ha enriquecido con libros como A la de tres (Renacimiento), de Javier Almuzara, o Grillos y luna (La Isla de Siltolá), de la indispensable Susana Benet. Con el canónico impulso de Juan José Tablada y Antonio Cabezas, esa forma ha tenido en nosotros tal fortuna que en ocasiones se la ha puesto a dialogar con las coplas flamencas. De ahí que algunos autores prefieran hablar de jaikus como se habla de cante jondo. Es el caso de Jesús Munárriz (San Sebastián, 1940), que reúne en Capitalinos sus chispazos sobre la ciudad de Madrid. Fundador de la editorial Hiperión y poeta de la generación del 68, Munárriz, que nunca ha perdido de vista el poso crítico de la poesía —incluso cuando parecían malos tiempos para el compromiso social—, cumple en este libro con una de las premisas de la ortodoxia del género —tratar de los ciclos estacionales— sin traicionar su visión del mundo. Dos ejemplos primaverales: "Discute a gritos / en medio de la calle / con un teléfono"; "Ya las glicinas / despuntan en el Banco / Hipotecario".

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