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Música alucinada

Diario- Ignacio Juliá 01/06/2018
Ryley Walker fluye hacia nuevas dimensiones en "Deafman Glance", donde asoman el humor absurdo y el apego a la vida
 

No luce barba hipster Ryley Walker (Rockford, Illinois, 1989), ¡qué alivio! Otra virtud de este guitarrista y cantante: sus interpretaciones deambulan sin llegar a asentarse, ajenas a las riendas de la composición misma, como si un travieso viento las impulsara desde su innata vacilación hacia una esquiva certeza. Ahí reside su potencia expresiva, y no es lo único que alienta comparaciones con Miles Davis, aunque su territorio no sea el jazz sino el folk alucinado y viajero, indeciso ante los inextinguibles brillos de la tradición o la efímera frescura del presente. Tras publicar All Kinds of You (2014) y Primrose Green (2015), su enjundioso tercer álbum, Golden ­Signs That Have Been Sung (2016), consumaba esa excelsa deriva fluyendo en meandros que iban revelando nuevas dimensiones en un trayecto sin final aparente. Se mantiene inagotable dos años después: ahí está el extenso tema inicial "The Halfwit in Me" —embrujo que casi hacía irrelevante al resto de una obra donde brillan piezas como "The Roundabout"—, tan emocionante como la primera vez.

La adolescencia del inquieto Ryley en una población industrial sin duda abonó su talento. El aburrimiento invitaba al skateboard y al vandalismo, impulsaba la búsqueda de estímulos secretos, fuesen los discos de Led Zep­pelin o Alice Coltrane, la bibliografía sobre el revival folk británico de los sesenta o la energía desatada en los bolos de Fugazi. La mudanza a la cercana Chicago, en 2010, le ofrecerá el entorno idóneo para alimentar voz y discurso propios, más allá de su devoción por los guitarristas Bert Jansch o John Fahey, los vocalistas errabundos Tim Buckley y el joven Van Morrison, sin desdeñar el intrépido posrock que la ciudad del viento propagó en los noventa. Walker sintoniza sin buscarlo con una generación de jóvenes guitarristas que, como Steve Gunn o Kurt Vile, se sirven del erario folk-rock para propulsarse hacia la abstracción. De ahí que las canciones de su nuevo trabajo, Deafman Glance, parezcan suspendidas en una constante indagación conducida por su letanía vocal, planeando sobre leves percusiones, instintivas guitarras, acentos de piano o flauta.

La solemnidad de "In Castle Dome" y "22 Days" señalan el camino, que se elevará hacia desérticas altiplanicies de la emoción —lo son "Can"t Ask Why" o "Expired"— absorbiendo al oyente hacia una telaraña de sensaciones contradictorias sin doblegarse ante esa lógica que demanda contención estilística o firmes corolarios. Hay otras tonalidades, necesarias para que la dinámica del álbum avance, en el garbo de "Opposite Middle" o en el excepcional final con "Spoil With The Rest", a veces rozando un formalismo hueco, como en "Accomodations" o "Telluride Speed", reminiscentes de los excesos del rock progresivo.

Y, tras la espesa aflicción que le impulsa, asoman humor absurdo y apego a la vida. Lo demuestran sus chanzas en escena, una experiencia por lo visto imprevisible. Nada es predecible en este versátil músico que hoy afirma sentirse ajeno a su antaño adorado Nick Drake. El pasado quedó atrás, solo interesa el futuro. Deafman Glance quizás no sea Golden Signs That Have Been Sung —todavía—, pero, como aquel, nace vacunado contra la absurda celeridad del presente. Disfrutemos del viaje astral.

Ryley Walker. Deafman Glance. Dead Oceans-Popstock