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Dando cuerda al verano

Columna- Manuel Rodríguez Rivero 01/08/2018
La "rentrée" augura una montaña de libros no inferior a otros años, a pesar de que los números del sector no acaban de salir del rojo
 

1. Resentimientos

Me entero, ojeando viejos periódicos (los nuevos son más difíciles de conseguir por la huelga de repartidores y por la cada vez más preocupante escasez de quioscos), de que Amancio Ortega, nuestro más conspicuo tycoon, ha estrenado su nuevo superyate (47 metros de eslora, algo menos que el anterior, que no cabía en los puertos deportivos gallegos), al que ha llamado Valoria B en homenaje al pueblo vallisoletano en que nació su madre: ya ven, a pesar de mi resentimiento de clase reconozco que incluso los superricos tienen su corazoncito. Ignoro cómo se verá desde alguna de sus tres flamantes cubiertas la playa de Calafell, donde transcurrieron los veranos más felices de mi vida, en una prehistoria en la que ustedes aún no habían nacido. Mi hermano, que aún pasa allí breves temporadas, me ha desencaprichado de volver: aquel territorio mítico donde, al igual que Carlos Barral (su hijo adoptivo más ilustre), encontré "la libertad corporal, el espacio salutífero y, sobre todo, un campo de experiencias estéticas directas y, si bien modestas, de reales experiencias eróticas" (Años de penitencia, 1975), es ahora uno de esos atestados y disuasorios destinos playeros en los que poco queda de lo que fundamentó mi educación sentimental. Mis amigos y mis primeras novias con derecho a roce y lengua ya no están allí, y las barcas de pesca varadas en la playa desaparecieron hace tiempo, igual que Samolero, aquel borracho sufriente y parlanchín cuyos delirium tremens dejaban cortos a los del personaje de Ray Milland en Días sin huella (Wilder, 1945). Me consuelo malamente del muy caluroso termidor madrileño repasando al aire quejoso de un renqueante ventilador los avances de publicación que me han ido llegando. Así, a bote pronto, la rentrée augura una montaña de libros no inferior a otros años, a pesar de que los números del sector no acaban de salir del rojo: según los datos, incompletos y mejorables, de LibriRed, en lo que llevamos de año las ventas son un 8% inferiores a las de 2017. En cuanto a la programación, constato en los grandes sellos mucho "relanzamiento", mucha reedición en odres nuevos (incluidas nuevas traducciones), bastantes "recuperaciones", alguna compilación y —faltaría más— alguna conmemoración impostada, como ese extraño 120º aniversario del nacimiento de FGL que Ediciones B celebra con la publicación (en noviembre) del cómic Vida y muerte de Federico García Lorca, con guion (claro) de Ian Gibson y dibujos de Quique Palomo; síntomas todos ellos de que los editores confían más en sus fondos. Por lo demás, en los paratextos con los que venden su producto a críticos, reseñistas y libreros, uno de los adjetivos que más abunda es "deslumbrante". Y a mí, que padezco de fotofobia, tanto destello me nubla la visión.

2. Animalia

Dos datos significativos del mercado estadounidense: por primera vez la facturación de libros online ha igualado a la de las librerías físicas, lo que sugiere, entre otras cosas, que Amazon continúa ganando terreno. Además, la no ficción sigue siendo el segmento de la edición que registra mayor crecimiento (5,4% entre 2016 y 2017), mientras que la ficción para adultos sigue estancada desde 2015. En la programación española para la rentrée también abunda la no ficción en todas sus formas. Me llama la atención que, dentro del paraguas del nature writing, aumente la presencia de libros sobre animales —quizás confirmación de una submoda animal writing—, y me he divertido bastante leyendo los paratextos de sus editores. Selecciono tres particularmente apetecibles. Seix Barral publicará (octubre) El alma de los pulpos, de la naturalista Sy Montgomery, sobre cuyo protagonista se dice que se trata de un animal "inteligente", que puede cambiar de color y forma y que "tiene veneno como una serpiente, un pico como un loro, y es capaz de introducir su cuerpo por una abertura del tamaño de una naranja". Caramba: estoy por adoptar uno como mascota, atarle una correa y personarme con él ante la mansión de Waterloo cuando el gran fugado se dé otro de sus banys de massas. Por su parte, Ariel publicará en noviembre El ingenio de los peces, de Jonathan Balcombe: su publicidad asegura que esos animales, a los que hasta ahora consideraba entre los más estúpidos de la creación, son "seres sensibles, conscientes, sociales y —atención— muy parecidos a nosotros". Otra cosa es Adiós al caballo (Taurus, octubre), de Ulrich Raulff, un elegiaco ensayo sobre lo que estos mamíferos, hoy relegados al deporte y al asueto, han representado para nuestra especie.

3. Indecencias

Siempre he pensado que Haruki Murakami, el más hype de los aspirantes al Nobel (a ver si le cae pronto y a mi amigo Juan Cerezo, su actual editor, le ponen en Planeta la estatua que se merece), nació con una flor en el trasero. Las autoridades hongkonesas han declarado indecente su última novela, La muerte del comendador, cuya primera entrega (de dos) Tusquets publicará en octubre. Y es que hasta Hong Kong llega la mano censora del régimen de Xi Jinping, el más estalinista de los últimos líderes chinos. La declaración de indecencia —a cuenta de alguna escena sexual— significa que el libro se publicará en todo el mundo con un plus de publicidad gratuita (esta mía incluida). Por lo demás, los que lo han leído afirman que, además de recordar a su Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1997), ofrece más de lo mismo, o sea, según los paratextos, "una historia adictiva e inquietante en torno a la soledad, el amor, el arte y el mal". Todo ello, claro, con el "toque Murakami", con su poquito de realismo mágico, su misterio, sus azares y sus homenajes a fetiches culturales (esta vez a El gran Gatsby y a Mozart). Todo muy sensible y elegante. Como era de esperar.