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¿Pueden los "millennials" salvar el mundo?

Diario- El País 11/08/2018
Las nuevas generaciones tienen la oportunidad única de generar un impacto positivo en la sociedad
 

¿Puede la misma generación que terminó con las vacaciones, las joyas, los cines y las servilletas cambiar el mundo? Muchos de los reportajes sobre la generación Y, comúnmente conocida como millennials, se enfocan en los hábitos de consumo fluctuantes, las nuevas tendencias en la industria del entretenimiento o sus relaciones afectivas. Si bien no existe un consenso en cuanto a la definición universal de juventud, la realidad de los jóvenes no se limita solo a gastar, salir y festejar.

En el marco del Día Internacional de la Juventud este 12 de agosto, revisamos cinco desafíos que enfrenta la población joven en América Latina y el Caribe:

Estigmatización

Los jóvenes son los primeros en enfrentar los retos del desarrollo, al ser víctimas de múltiples y complejas formas de discriminación. Estas generan la exclusión de las nuevas generaciones, menoscabando sus aspiraciones y necesidades. Sumado a esto, la desigualdad intergeneracional y las menores oportunidades disponibles (en comparación a sus padres), contribuye a la estigmatización de este grupo.

Según datos de la encuesta Latinobarometro, el 37% de los jóvenes encuestados en la región afirman sentirse discriminados. Esto no hace más que desmotivar a la juventud, promoviendo que no desarrollen todo su potencial y continúen dentro del círculo del desánimo y la pobreza.

Violencia

Según Naciones Unidas, 408 millones de jóvenes, uno de cada cuatro a nivel mundial, se vieron afectados por la violencia o los conflictos armados solo en 2016. La juventud corre un riesgo desproporcionado de cometer y ser víctima de actos violentos, con consecuencias significativas en sus trayectorias de vida y en la sociedad en su conjunto

En particular, las mujeres jóvenes de América Latina y el Caribe son un grupo particularmente vulnerable a diversas formas de violencia, reprimiendo su potencial para crecer, liderar y prosperar. Esto tiene un impacto sobre el acontecer de toda la región dado que, según estimaciones del Banco Mundial, los países de América Latina y el Caribe pierden alrededor del 3,7% de su producto interno bruto por la violencia contra las mujeres.

Desempleo

El desempleo es uno de los factores de riesgo principales. La OIT estima que, en 2014, la tasa de desempleo juvenil en América Latina rondaba el 13%, señalando que 6 de cada 10 jóvenes latinoamericanos trabajadores se ven obligados a aceptar empleos en la economía informal, limitando sus posibilidades de crecimiento. A nivel mundial, el 37,7% de los jóvenes que sí trabajan viven en la pobreza y uno de cada cinco vive con menos de un dólar por día.

Un informe del Banco Mundial añade otro dato preocupante: uno de cada cinco jóvenes entre 15 y 24 años en América Latina y el Caribe no trabaja ni asiste a la escuela. El 60% de los "ninis" proviene de hogares pobres o vulnerables y las mujeres representan dos tercios de este grupo.

Sin trabajo y sin educación, estos jóvenes ven destruidas las posibilidades de alcanzar un futuro mejor. En las zonas de conflicto, los jóvenes a menudo se sienten atraídos por los grupos violentos, viéndolos como los únicos garantes de la seguridad y las necesidades básicas de la vida.

Empleos del futuro

De acuerdo al McKinsey Global Institute Report (2017) hacia el año 2030, 375 millones de personas en todo el mundo deberán cambiar de profesión y mejorar sus habilidades laborales. Los rápidos cambios en la automatización, inteligencia artificial y otros desarrollos tecnológicos impactarán en los trabajos, capacidades y sueldos de quienes se preparan para ingresar al mercado laboral.

Sin una educación que los prepare para los desafíos del futuro, los jóvenes verán destruidas sus posibilidades de alcanzar un futuro mejor.

Afortunadamente, la juventud cuenta con una ventaja para hacer frente a esta realidad: su resiliencia. Gracias a su energía, creatividad y pasión para lidiar con los problemas que heredan de las generaciones anteriores, los jóvenes desarrollan habilidades de adaptación y transformación.

"La ventaja de trabajar con jóvenes es su capacidad de adaptación a lo novedoso y flexibilidad a los cambios que presentan: están constantemente buscando nuevas oportunidades y tienen energía para probar soluciones hasta encontrar la que funcione", menciona Juan Medici, director ejecutivo de AFS Programas Interculturales. Esta organización brinda oportunidades de aprendizaje intercultural para que jóvenes de más de 50 países actúen como ciudadanos globales comprometidos con la paz.

Nuevas habilidades

Un mundo más complejo y competitivo exigirá una capacitación constante y el desarrollo de nuevas habilidades que permitan contribuir al desarrollo económico y social de los países. Para esto, la educación debe ser entendida como un compromiso continuo: ya no es una fase de preparación antes de ingresar al mercado del trabajo, sino un proceso que dura toda la vida.

Para preparar a los jóvenes para los empleos del futuro y mejorar el proceso educativo, es necesario generar políticas y presupuestos claros, mejorar los datos disponibles para los programas de aprendizaje y capacitación y adaptar las instituciones para que tomen en cuenta los intereses y necesidades de los jóvenes.

Ya sea a través de programas de voluntariado, emprendimientos personales o capacitaciones participativas, los jóvenes ya están preparándose. Sin embargo, se requiere de incentivos adecuados para promover la participación de los sectores más vulnerables, a fin de reducir la exclusión y la desigualdad.

Invertir en los jóvenes es central para romper el ciclo de la pobreza. Alentar y hacer realidad sus aspiraciones y proyectos, brindándoles las posibilidades de capacitarse, participar y actuar en las más diversas oportunidades, permitirá contar con el poder transformativo de la juventud para lograr un mundo mejor.

Leandro Hernández es productor online del Banco Mundial