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Getxophoto: El diálogo después del conflicto

Diario- Gloria Crespo MacLennan 06/09/2018
Bajo el lema "postconflicto reformulando el diálogo", y en su XII edición el festival hace uso nuevamente de los espacios públicos de la ciudad
 

El mercado de Algorta acoge estos días en sus paredes cuatro mil pequeñas imágenes de peces. El equivalente al número aproximado de pescados de especies menores que tienen que ser capturadas prematuramente y sacrificadas para obtener en una piscifactoría tan solo un kilo de corvina amarilla, un manjar muy popular en China. Se trata de una instalación de Stefen Chow y Lin Huiyi. Titulada Equivalence.The ecological footprint of fish, evidencia el impacto de este tipo de crianza de peces; el coste ecológico de uno de los tantos desvaríos consumistas que subraya la distancia del hombre contemporáneo con su entorno natural.

La obra forma parte de la programación de la  XII edición del Festival Internacional de  Imagen Getxophoto, que estructurado en torno a la cuestión de cómo construir el diálogo en un periodo de postconflicto, invita a reflexionar sobre las consecuencias y el significado de problemas de diversa índole (ecológicos, tecnológicos, humanos y políticos). Lo hace a través de una veintena de exposiciones que podrán verse hasta el 30 de septiembre, y profundiza sobre las nuevas situaciones y relaciones que surgen a partir de la reformulación de un discurso fracturado, así como sobre las posibilidades e ideas a las que dan pie. Un oportuno y contundente testimonio que subraya el axioma pesimista de Hobbes, "el hombre es un lobo para el hombre", al tiempo que alienta a que a través de la denuncia y la reflexión surja la esperanza.

Esta nueva edición del festival se plantea como la segunda parte de la trilogía Transiciones, iniciada el año pasado con una temática dedicada a la postglobalización. "Este año el foco está en la tribu,  en el grupo, no en los conflictos que se generan solamente dentro de los grupos, sino dentro del grupo en relación, por ejemplo, con la naturaleza, los ecosistemas y el consumismo. El año que viene me centraré en el individuo", señala su comisaria, Mónica Allende, partiendo de que los cambios que estamos experimentando en el mundo son tan tribales como individuales.

Las exposiciones están agrupadas temáticamente en cuatro grupos, dentro de los cuales las obras dialogan entre sí respondiendo desde diferentes perspectivas. Así, El estado en conflicto supone una reflexión sobre distintos enfrentamientos que afectaron a nuestro país en el pasado siglo a través de la mirada de cuatro fotógrafos españoles. Sofía Moro presenta un relato polifónico, tan sobrio y aséptico como emotivo, de los supervivientes de la guerra civil, Ellos y nosotros. Está compuesto por retratos y entrevistas de miembros de los distintos bandos, sin ningún dirigente político entre ellos, todos víctimas de la barbarie y el dolor al que arrastra una guerra; Julián Barón, se introduce en las recreaciones históricas de las batallas de la guerra civil, a las que acude un público diverso (tanto por interés educativo, por turismo, como por curiosidad) para registrar con su cámara una serie de imágenes superpuestas que ha denominado Laberinto mágico. Ese laberinto donde se funde la percepción individual con la colectiva de un aciago episodio de nuestra historia; Ojos que no ven, corazón que no siente, de Juan Valbuena destapa un episodio censurado de nuestra historia: la relación con Guinea Ecuatorial, antigua colonia donde todavía el español sigue siendo la lengua oficial. Presentado en forma de periódico y desde la perspectiva de la falta casi absoluta de documentación (debido a que en los años 70, España declaró "Materia Reservada" todo lo relativo a ese país) el fotógrafo indaga en las consecuencias tanto de la colonización como de la descolonización.

El grupo también incluye la obra de Clemente Bernad, quien destaca como uno de los pocos fotógrafos que han tratado en profundidad y durante décadas el conflicto vasco desde diferentes ángulos (llegando a ser sospechoso de proetarra por adentrase en el mundo abertzale para fotografiarlo). En esta ocasión presenta un material inédito compuesto por imágenes captadas dentro de la nave donde estaba el periódico Egin, clausurado en 1998. El espacio periodístico abandonado y expoliado, donde se mezclan los grafitis españolista y abertzales, funciona como metáfora de la caída de ETA.

Revisitando la Memoria muestra trabajos inéditos y recién acabados que reinterpretan las narrativas históricas. Así The blue skies project sobrecoge al espectador, a pesar de su apariencia inofensiva, al mostrar 1078 polaroids de los cielos que se alzan sobre los campos de exterminio nazi. Anton Kuster identificó con GPS las coordenadas exactas donde fueron llevados a cabo los genocidios. Las consecuencias de la colisión del hombre con el mundo natural quedan también representadas de la mano del británico Simon Norfolk, quien muestra el derretimiento del glaciar Lewis, en monte Kenia, mediante el contraste entre las nieves y el fuego.

Allende ha procurado abrir el festival a tres conceptos: la innovación, la experimentación y la colaboración. "Me interesan las narrativas visuales multidisciplinares, que usan la tecnológica e incorporan diferentes formas de narrar", apunta la comisaria, ex editora gráfica de The Sunday Times, productora cultural y docente . Así, se muestra The sun ladies, el premiado documental realizado por Maria Bello, Celine Tricart y Christian Stephen, que narra la pericia de un grupo de mujeres que ante las agresiones sufridas por parte del Estado Islámico crean un pequeño ejército. Las imágenes reales se intercalan con imágenes de realidad virtual, y durante su proyección se ofrece a los visitantes la posibilidad de escribir cartas a estas guerrilleras. Destaca la irónica pieza multimedia creada por Josh Begley, Good luck with the  wall, un viaje aéreo a lo largo de la frontera de Estados Unidos y México realizada con imágenes de Google Earth, que pone en evidencia la inviabilidad de construir un muro para separar dos países. Esta sección  incluye también el trabajo del bilbaíno Markel Redondo, quien documentó utilizando drones las fantasmagóricas ruinas modernas, consecuencia de los estragos de la burbuja del ladrillo en nuestro país.

Dentro del intento de incorporar nuevos formatos participativos, Jump Trump, una instalación interactiva firmada por Erik Kessels y Thomas Mailaende, es sin duda la obra más mediática. Ofrece la posibilidad  de saltar encima de una enorme colchoneta con un retrato impreso de Donald Trump. "Siempre buscamos algo que vaya más allá de la relación observar- reflexionar. La obra es totalmente participativa, se puede observar, pero realmente se disfruta de ella saltando", explica la comisaria. "Me pareció que tenía ironía, que era divertida y al mismo tiempo tenía fondo", matiza Allende, para quien el contenido es crucial por encima de la forma y el formato. "No veo la obra solo como entretenimiento, y no creo que se banalice el contenido. Creo que se puede hacer contenido profundo utilizando videojuegos o conceptualizando conceptos interesantes y relevantes, usando plataformas diferentes. No creo que el arte es más arte por estar en un gran museo".

El festival confirma de nuevo la buena salud que goza en la actualidad el escenario de la fotografía en España. "Los fotógrafos españoles tienen cada vez más presencia en Europa", destaca "Son pasos que se van dando. Ha habido un buen trabajo que de alguna forma, por motivos diferentes, no tuvo una gran presencia internacional. Hoy en día eso está cambiando."

Getxophoto Festival Internacional de Imagen. Getxo, Bizkaia. Hasta el 30 de septiembre