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Drogas, política y cubatas: Taburete y Andy y Lucas lideran el resurgir del punk español

Diario- Xavi Sancho 03/10/2018
Jamás una música tan inane había provocado reacciones tan fuertes
 

Unos por acción y otros por reacción. Andy & Lucas por lo primero y Taburete por lo segundo. Sea como sea, lo cierto es que hay cierta convulsión en el universo de la música española más aparentemente blanda, complaciente y comercial en el sentido más José Luis Moreno del término. Cuando Malcolm McLaren inventó los Sex Pistols hace más de 40 años jamás imaginó que su espíritu estaría tan vivo en España y que los responsables de mantener la llama encendida fueran dos grupos más cerca de actuar como teloneros de un partido de la selección española de fútbol que en una casa okupa.

Andy y Lucas arrancaron hace unos días su época punk sacando una foto del niño Gabriel sin permiso de la familia y exigiendo justicia, que es como el oportunista, el envenenado y el desesperado llama a la venganza cuando esta palabra, viniendo de donde vienen –un background en el que lo más rebelde que se puede hacer es no bajar la basura o no hacerse la cama– da cierto susto.

La madre de Gabriel les afeó el gesto e invitó a que se escucharan Girasoles, de Rozalén, el tema favorito de su hijo. "¡Qué vergüenza! No se preocupe, señora, ya no sacamos la imagen de su hijo. Pero después no pidan firmas a los ciudadanos. Solo quiero decir que somos famosos desde hace 16 años y no usamos la imagen de nadie, y menos políticamente", declaró en un vídeo subido a redes Lucas, no Andy.

Sabedores como son de que su gran momento ya fue, los gaditanos, cuyo último single lleva el polémico título de Para que bailes conmigo, se han dedicado con fruición en los últimos meses en dejar en nada las palabras de C. Tangana durante el Primavera Sound, cuando el rapero-marca insultó al Rey y dijo que no le importaba un pimiento si por ello le metían en la cárcel o debía mudarse a Bélgica.

Pero si lo de C. Tangana entronca con cierta tradición del hip hop en la que lo mismo te pasas un día "llorando en la limosina o contando billetes de 100 euros" y al siguiente te duermes en un vuelo en clase turista en el que no has podido siquiera conseguir asiento de ventana o pasillo, lo de Andy & Lucas es el rejuvenecimiento del anquilosado espíritu punk y contestatario de clásicos de la contracultura española. A saber, Bertín Osborne, Arévalo, José Manuel Soto, Pitingo. Todos ellos han sido engullidos por el sistema. Andy & Lucas son indomables.

Su última salida de tono en pleno escenario fue en las fiestas del pueblo granadino de Órgiva, cuando insultaron a una concejal del PSOE de la localidad llamándola "mamarracha", además de apuntar que era muy posible que la señora fuera algo ebria. Ella estudia denunciar a los gaditanos. El PP del pueblo ha pedido la dimisión de la señora. Hace unos años, Andy (o Lucas) declaró que el dúo no se iba a meter en política porque ellos vivían de los ayuntamientos, acaso los estamentos que más dinero invierten en que ellos puedan subirse a un escenario y hacer que la gente vibre con Mírame a la cara o Tanto la quería. Pero ahora ya no miran atrás.

Si lo de los gaditanos es espíritu punk por acción, lo de Taburete, el grupo del hijo de Bárcenas y el nieto de Díaz Ferrán, es más por reacción. A diferencia de los andaluces, los madrileños viven su mejor momento comercial, convertidos en paradigma de esa escena pija que muchos llevan años tratando que cuaje. Pero, más allá de Taburete, ninguna banda ha sabido subirse a este carro de lo pijo. Eso sí, los fans de Taburete se han encasillado en un cliché cuyas señas de identidad son los polos de colores pastel, el estatus VIP en Mytaxi y el lema (autoproclamado) Pijos A Muerte. El orgullo pijo de Taburete va más allá del fervor patriótico (español) que despiertan sus conciertos en Barcelona o de que declaren que su tema favorito de Hombres G es Matar a Castro, incluido en el largo de debut de la banda de Summers y que narra la historia de una heroica niña que asesina al hoy finado Fidel Castro y así logra liberar al pueblo cubano de la tiranía comunista.

Taburete son lenguaraces, no rehúyen el conflicto -en el backstage de un festival madrileño Willy Bárcenas le pegó un puñetazo al organizador de otro evento musical capitalino cuando este se le acercó a decirle algo, se supone que no muy agradable, sobre su padre- y han mostrado mucho más carácter y actitud que la mayoría de roqueros de este país, que se creen aún que con calzarse unas botas y un sombrero se convierten en un peligro para el sistema.

Rara es la entrevista en la que Taburete no dan un titular memorable. Ya puede ser este al respecto de lo injusto que les puede parecer lo que el sistema judicial ha hecho con sus padres, ya sea al respecto de Valtònyc, a quien en EL PAÍS hace unos días calificaban de "cagón y pijo". Muy pijo. Más que ellos, incluso. Uno ya no se puede fiar ni de hijos de fruteros mallorquines cuando sale a buscar credenciales de autenticidad y rebeldía izquierdosa. Ay, la trampa de la diversidad.

Más allá de lo bueno y lo malo que les da su biografía (lo bueno: cualquier medio quiere hablar con el hijo de Bárcenas; lo malo: cualquier medio le va a preguntar qué tal eso de ser hijo de Bárcenas), Taburete se han destapado como uno de los combos que con menos pudor habla hoy del tema de las drogas. Sí, ese enésimo tabú que la música popular española pareció atreverse a derribar y, al final, como con casi todo lo que podía causar cierta polémica entre los comités de fiestas de los ayuntamientos, decidió esquivar, al menos hasta que el consumidor de estupefacientes fallecía. Su disco se llama Madame ayahuasca y afirman haber probado este alucinógeno (ayahuasca). En el pasado ya han cantado sobre fiestas locas y sobre porros, estando una vez incluso a punto de titular uno de sus temas Darling Marihuana.

Al final, Andy & Lucas son los Sex Pistols y Taburete son The Clash. Los primeros venden ruido, los segundos hacen ruido. Los primeros buscan cualquier excusa para liarla (y aunque algo patéticas sus liadas, gracia hacen, no se puede negar), mientras que los segundos tratan de huir de las liadas y lo que les acaba pasando es que cada vez que deshacen un nudo, hacen, queriendo o sin querer, uno nuevo.

Jamás una música tan inane había provocado reacciones tan fuertes.