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La artesanía de Bottega Veneta se teje en Madrid

Diario- María Porcel 05/10/2018
La casa de lujo italiana celebra una fiesta con una exposición donde muestra el delicado trabajo de sus artesanos para crear sus bolsos, que pueden alcanzar los 30.000 euros
 

Los hilos que forman las trenzas del universo Bottega Veneta estaban presentes incluso sobre las paredes de la Fundación Francisco Giner de los Ríos, tan poco a menudo abierta al público. El tejido se convertía así en el hilo, precisamente, conductor de la velada. La firma italiana, una de las más exclusivas —por su apuesta de no presumir de logos, por su escasa presencia en los medios, por las escogidas apariciones de sus cabezas pensantes, por sus nada accesibles precios— se saltó sus propias reglas de recato y decidió dar una enorme fiesta en Madrid el jueves para celebrar la llegada de su tienda de la calle Serrano, 560 metros cuadrados en dos plantas inauguradas en junio.

Pero el auténtico placer de la velada—más allá de la música pinchada y bailada por Miranda Makaroff, los sándwiches de trufa o la gracia de ver codearse entre los aperol spritz a Fernando Martínez de Irujo con Tamará Falcó o Bárbara Lennie— estaba en la exposición efímera que la marca montó en este palacete del centro de Madrid. Más que efímera, fugaz cual Cenicienta: solo duró esa noche. Siete salas (indicadas incluso en un mapa que se repartía a los asistentes) en las que podía verse el minucioso trabajo de los artesanos de la marca, venidos desde las oficinas de Bottega Veneta en Vicenza, al noreste de Italia. En vivo y en directo, joyeros y trenzadores mostraban cómo se fabrican sus gafas, joyas y bolsos, especialmente el Cabat y el Knot, los tesoros de la casa.

Una de las diáfanas salas de la fundación mostraba una decena de bolsos Cabat, uno de los más apreciados de la casa italiana. Además, una de las artesanas vicentinas explicaba cómo se crea cada pieza: se necesita crear 11 triángulos a base de napa de cordero (o de ternera, más resistente, para los modelos masculinos) para crear el perímetro del bolso. Los 11 triángulos se cosen y se siguen tejiendo entre ellos por dos artesanos, el que cose y el que teje, durante un día completo.

Una de las particularidades del Cabat es que solo un artesano se ocupa de ese especial trenzado, el llamado intrecciato, porque cada uno ejerce una presión distinta. Así, el bolso queda igual por fuera que por dentro, no hay una cara buena y una mala, y cuando se convierte en un Cabat llega al mercado por un precio que parte de los 6.500 euros y pueden ponerse fácilmente en 12.000 y llegar a los 28.000 o 30.000 euros cuando se trata de modelos especiales. 

En otra de las salas se podía apreciar un centenar de clutches, pequeños bolsos de fiesta de la firma, que buena parte de las invitadas al evento, clientas de la casa, también portaban. Muchos de esos bolsos tenían una de las particularidades de la casa: un cierre en forma de nudo, el célebre Knot de la casa que introdujo Tomas Maier, que tras 17 años en la firma se marchó el pasado junio. Unos bolsos creados principalmente en piel y cuyos precios parten en unos 1.500 euros. En la exposición también se veían modelos especiales cuajados de pedrería o realizados en ante, plata e incluso madera y que pese a su reducido tamaño podían alcanzar los 20.000 euros. 

Tampoco faltaron en la exposición sus apreciados perfumes de la colección Parco Palladiano, basados en las villas que el arquitecto Palladio creó en Vicenza y en los jardines mediterráneos y en los que se inspiró Tomas Maier, de padre también arquitecto. Fragancias potentes y delicadas, todas ellas unisex, basadas en ingredientes puros como la rosa (que se corta al anochecer y cuando la flor está en un punto exacto de maduración, para extraer al máximo su fragancia), la lavanda, el olivo, el ciprés o la pera. Unas fragancias que sólo pueden encontrarse en España en un par de puntos de venta y cuyo precio ronda los 300 euros. Exclusividad en la piel al más puro estilo Bottega Veneta.