Textos y fotos »

Bienvenidos al año del "sfumato"

Diario- Ángela Molina 07/01/2019
Dos efemérides coincidirán en 2019, el quinto centenario de la muerte de Leonardo da Vinci y el año en que Ridley Scott sitúa "Blade Runner". Justo un siglo atrás Duchamp masculinizó el cuadro más famoso del mundo
 

Una de las últimas creaciones de Leonardo da Vinci (1452-1519) es un conjunto de dibujos de unos personajes disfrazados para lo que parece una mascarada. Están pintados al carboncillo, con trazo firme y preciso, y a la vez envueltos en un fondo neblinoso. Hay un jinete con un sofisticado sombrero de ala ancha que monta un caballito de madera, un joven con unas vaporosas mangas que lleva al cinto un cuerno de caza, un andrajoso mendigo que parece más un actor y una mujer de potentes piernas que hacen pensar que se trata de un hombre. Leonardo tituló este último dibujo La Dama que señala, y es ciertamente inquietante. Su cuerpo está representado de perfil, un brazo apunta hacia delante mientras la cabeza se vuelve hacia nosotros. Tiene la misma sonrisa enigmática que la Mona Lisa. Es posible que Leonardo la pintara en paralelo a su retrato más famoso y que le llevó 16 largos años de asertivos toques y pentimentos (1503-1519). En él, la esposa de Francesco del Giocondo hace con su mano derecha un gesto de admonición que recuerda al del ángel bizco de Paul Klee que "entona su himno frente a Dios antes de disolverse en la nada" (Walter Benjamin).

Leonardo da Vinci falleció el 2 de mayo de 1519. En pocos meses habrá transcurrido medio milenio de eras malgastadas y acontecimientos que jamás hubiéramos imaginado o que quizás se han perdido ya en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Servirán, al menos, para pensar en la urgencia de volver a las lecciones del sabio humanista que, bajo la piel de la pintura, dispuso las bases de la posterior revolución científica y de tantas narraciones visuales que comenzaron con las palabras de Zaratustra a la multitud: "Estamos cansados del hombre. El ser humano es algo que debe ser superado". Nietzsche no se refería a una evolución en clave darwinista, sino a la creación de una nueva naturaleza, una biolítica en la que la especie humana no sería más que un puente natural entre el simio y el poshumano, un ser diseñado por el propio hombre para sucederle y superarle. Un ultrahombre.

El realizador norteamericano Ridley Scott situó los acontecimientos de su Blade Runner (1982) en el mes de noviembre de 2019. El filme está inspirado en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y plantea el dilema del presente corrompido dominado por la posibilidad del perfeccionamiento genético, la procreación artificial y la transferencia mental a organismos cibernéticos. Entre estas dos efemérides —la muerte de Da Vinci y la película protagonizada por unos seres más humanos que los humanos— hay curiosos paralelismos que en algún momento aparecen atravesados por la simpática mirada de Marcel Duchamp, el más significativo es que el artista francés fue el primer "contemporáneo" en seguir las lecciones de Leonardo sobre el arte entendido como "cosa mentale". Para devolverle el favor de la lección aprendida, Duchamp, que ya había decidido abandonar la pintura por considerarla "un asunto meramente olfativo y retiniano", escogió el año 1919, justo cuatro siglos después de que Leonardo concluyera su Gioconda, para crear L.H.O.O.Q., un ready made hecho sobre una postal barata donde se ve a Mona Lisa con un bigote y una perilla pintados sobre su famosa sonrisa. Pas mal, si consideramos que el propio Leonardo contaba también con una copia, "la Gioconda del taller de Leonardo" (1516, Museo del Prado). Como la replicante Rachel (Sean Young), la bella criatura que sedujo al implacable Rick Deckard (Harrison Ford), el óleo de Da Vinci sigue siendo un misterio. La teoría más divulgada es que podría ser un autorretrato travestido del propio Leonardo. A Duchamp también le gustaba travestirse, prueba de ello es su alter ego Rrose Sélavy.

Otro aspecto que conecta la visión del Leonardo matemático con el futuro tecnológico es el anhelo humano de volar. Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci (1910) es un ensayo de Sigmund Freud donde se aplica el psicoanálisis clínico a una fantasía de niño. Más allá de algunas consideraciones sobre el amor del bebé hacia la madre y la conexión erótica cola-boca-pecho, lo relevante del texto de Freud es que narra, a partir de los cuadernos de Leonardo, cómo el pequeño habría sido visitado en su cuna por un ave, el milano, que le introduce la cola en la boca ("con su cola abrió mi boca y la golpeó dos veces").

El propio Da Vinci anotó que "es en el milano donde mejor se observan los mecanismos del vuelo", en especial los movimientos de la cola, que tendrían las características apropiadas para diseñar un ingenio volador tan sofisticado como los temibles cazas del filme de Scott planeando sobre una megalópolis desdibujada por los anuncios luminosos y el sfumato de gases y cocinas callejeras.

Ahora sabemos lo que ocurrió en 2019. Podemos deshacerlo, mejorarlo o dejarlo en lo que fue. Una mascarada.