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Darío Villaba: crisálidas del alma

Diario- Gloria Crespo MacLennan 30/05/2019
Una exposición reúne por primera vez todos los "encapsulados" del artista, la obra que hizo de él un referente dentro de la comunidad artística internacional
 

En 1974, llegaban a la Galería Vandrés, un espacio alternativo y rompedor en la pacata España de Franco, unos objetos móviles, ambiguos y desafiantes. Encerradas en una estructura de metacrilato transparente, las fotografías, en blanco y negro y ligeramente manipuladas, de una serie de protagonistas —enfermos, presos, delincuentes y dementes, entre otros— noqueaban a los visitantes de la sala. La confusión que creaban no estaba exenta de admiración. Bajo el nombre de encapsulados, habían merecido el Gran Premio en la Bienal de São Paulo. Su autor, Darío Villalba, (San Sebastián 1939- 2018), quedaba señalado como una referencia crucial del arte español contemporáneo.

"Venían precedidos de una historia de éxitos en el extranjero", señala María Luisa Martín de Argila, "y tuvieron un impacto impresionante. Los que tuvimos la ocasión de ver esa exposición quedamos absolutamente asombrados. En España los precedía el impacto del grupo El Paso y por entonces comenzaban a despuntar Eduardo Arroyo y Luis Gordillo. El escenario del arte era muy distinto del resto de Europa, y por supuesto de Estados Unidos". Era allí donde Villalba había gestado la obra que puede verse en la Sala Alcalá 31, hasta el 28 de julio, bajo el título Pop soul. Encapsulados & Otros. Comisariada por Martín, la exposición comenzó a tomar forma contando con la colaboración del artista, lamentablemente fallecido en junio del pasado año. Ambos se propusieron reunir por primera vez todos los encapsulados que componen las dos series — rosa y blanco y negro— recuperando algunos de los que se hallaban en paradero desconocido. "Aparte del gran interés que supone la exposición desde el punto de vista artístico, también lo es desde el histórico", subraya la comisaria.

Villalba se referiría a estos objetos como "juguetes patológicos para adultos". Reflejan al "hombre con dos pieles: una la de siempre, otra su invento, su industria, su propio tejer. Pieles cristal". Son figuras vulnerables que quedan protegidas de las agresiones del mundo exterior y de la realidad. Su primera serie, la rosa, realizada entre 1968 y 1969, se expuso en la Bienal de Venecia de 1970. En la segunda, su tamaño ha aumentado y los personajes se vuelven más vulnerables. Son seres más marginales. Utiliza el blanco y negro sin apenas someter la imagen a una manipulación. Llegarán al público por primera vez en 1973, en la XII Bienal de São Paulo. "En los encapsulados el régimen de representación se ha vuelto amenaza: los gestos codificados que el espectador es capaz de entender como marginales son magnificados y lo que se ve por el rabillo del ojo ha pasado a ocupar el centro de la visión", escribe Manuel Segade en el catálogo que acompaña a la muestra. "Toma la fotografía para reflejar y nombrar lo innombrable", escribe Martín.

La heterodoxia fue una actitud para este artista, consciente de que "sin riesgo no hay nada, ni siquiera libertad". Desde muy joven aprendió a cuestionar todo aquello que veía, sometiendo a revisión cualquier tipo de postulado. Su formación dentro de la Institución Libre de Enseñanza se vio enriquecida por el ambiente cosmopolita que disfrutó gracias a las estancias en el extranjero obligadas por la carrera diplomática de su padre. De esta forma, no tuvo reparos en poner en duda las rígidas teorizaciones sobre el cubismo impartidas por André Lothe en su famoso taller en París, donde llegó como aprendiz. "Hay que ser consciente del momento en que aparece uno en la historia del arte, y de con quién tiene que lidiar", advertía durante una charla con los estudiantes de la UNED, así durante su residencia en los Estados Unidos, en los primeros años de los sesenta, observar el nacimiento del movimiento Pop le predispone a una búsqueda estética en contestación a dicho movimiento.

En Nueva York le impactan los excesos. El derroche de alegría, de miseria, de velocidad, el bullicio de la gente que transita sus calles, "donde la carne del ser humano se mezcla con el aluminio de la arquitectura. (…) Rodeados de plástico y de la frialdad de la ciudad, así surgieron en mi mente estos encapsulados", diría el autor. En su contestación a la frialdad del pop, "sin alma ni espíritu", optó por utilizar su lenguaje en lo formal haciendo uso de los mismos elementos, el plástico, el metacrilato y la trama fotográfica, "para desvelar una intención mucho más pictórica, poética y anímica". En cierta ocasión, Andy Warhol, mientras el artista español le explicaba sus motivaciones, le señaló: "Lo que usted hace es pop soul", un pop del alma.

Del informalismo no logra desprenderse del todo y en su inclinación hacía lo figurativo se observa una leve incorporación del gesto en rasgos pictóricos que aplica a unas imágenes, recortadas, procedentes de archivos, prensa y tiendas de segunda mano que, cuidadosamente elegidas, comenzará a almacenar. Formaran un archivo de "documentos básicos", que ampliará y retomará a lo largo de los años como parte de su obra. Será el primero en España en emplear la fotografía como pintura, causando cierto asombro. "Tanto la fotografía como la pintura son mentira", diría el artista. "La fotografía atrapa un momento fugaz, al igual que la pintura, pero la realidad está siempre en constante movimiento". Villalba hace uso de ambas para mostrar las pulsiones anímicas del ser humano. En él la pintura se convierte en fotografía y la fotografía en pintura y se ralentiza.

Hace uso de imágenes apropiadas, como las del injustamente condenado a cadena perpetua Aaron Evert Jones, publicadas por el fotógrafo americano Danny Lyon en su libro Conversation with the Dead, que Villalba utilizó en tres obras fundamentales en su trayectoria. "No pierden un ápice de importancia una vez revelada la fuente, sino, lo contrario. Revelan la preocupación social del artista, así como su adscripción a una estrategia lingüística fundamental para las prácticas artísticas contemporáneas, con raíz en el collage", escribe Segade. La segunda planta de la sala incluye obras realizadas con fotografías tomadas por el propio autor. Impresas sobre tela, componen unos dípticos y trípticos, donde el pathos de sus protagonistas queda aprisionado, a la vez que se escapa, a través de la piel, la lágrima, la cicatriz, o la negritud.

Ser refería a su obra como "una herida clínica y asépticamente controlada". El dolor de sus protagonistas nos traslada a una oscuridad no exenta de la luz de la esperanza. "Hay una parte muy mística en mi trabajo", declaraba a EFE. Un sentido existencialista que invita a ser entroncado con la tradición hispánica. "Yo siempre lo he visto así, señala la comisaria. "Francisco Calvo Serraller siempre observó una relación del autor con el existencialismo del arte español, con ese sentimiento de la España negra, con los blancos y negros del informalismo de Millares y de Canogar. A Darío nunca le gustó esa relación. Él no se veía así, pero los que hemos estudiado mucho su obra no lo dudamos".

"Si usted quiere saber algo de Darío Villalba no mire la superficie de mis obras, pues ahí insinúo: estoy osadamente soterrado en el interior", diría el artista.

Darío Villalba. Pop Soul. Encapsulados & Otros. Sala Alcalá 31. Madrid. Hasta el 28 de julio.