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El Mallorca se jugará una plaza en Primera contra el Deportivo

Diario- Juan L. Cudeiro 16/06/2019
El cuadro insular cae en Albacete (1-0), pero hace valer la ventaja de dos goles obtenida en el partido de ida para continuar con la ilusión de lograr su segundo ascenso consecutivo de categoría
 

Sufrió más de lo que debió, pero el Mallorca se ganó en Albacete el derecho a jugar la final del play-off de ascenso a Primera División, mérito indudable para un equipo que hace un año retornó a la categoría de plata tras una campaña en Segunda B. Cayó el cuadro de la isla en su visita al Carlos Belmonte (1-0), pero hizo valer los dos goles que había logrado en su feudo. Allí se sellará en la víspera de San Juan el tercer visado para jugar entre los grandes. El Deportivo opta también a él, en un cruce que se iniciará el próximo jueves en Riazor.

Todo se le complicó al Mallorca más de lo debido en Albacete. Primero encajó un gol en el albor del partido, luego desperdició su superioridad, dejó pasar numerosas opciones para marcar el gol que hubiese laminado a un oponente al que antes de la hora de juego ya se le encendió el testigo del depósito de gasolina. Acalambrado, dolorido, cansado, el Albacete llegó con vida al final y tuvo un par de claras oportunidades para llevar el partido a la prórroga y jugarla en ventaja, porque el empate le favorecía por su mejor clasificación liguera. Con todo, aguantó el Mallorca y alzó los brazos ganador.

Es un equipo tan peculiar como meritorio el Mallorca. Siempre va a hacia delante, sus laterales se despliegan, sus centrocampistas conducen, sus extremos encaran. En ocasiones da la sensación de que juega sin mirar al marcador. Le pasó en la antepenúltima jornada del campeonato en Riazor, cuando concedió una contra que acabó por derrotarle con el reloj a cero y un resultado que le favorecía. En Albacete se sintió superior durante bastantes minutos y profundizó en ese desparrame. Llamó al gol, este no acudió y por ahí le llegaron los problemas.

El Albacete bastante hizo con llegar en pie al final. Jugó la eliminatoria con las piernas duras, sin acabar de explotar los recursos que le hicieron fuerte en un campeonato tan meritorio como el que cumplió. En esta ocasión generó alguna duda en el rival desde la pizarra con la aportación de Bela y Eugeni, que partían desde el exterior para buscar superioridades por dentro. Bela, que pareció un AVE durante meses, acabó el partido como un mercancías, pero antes tuvo tiempo a embocar un libre directo que reavivó en su parroquia la ilusión de la remontada. Con hora y cuarto por jugar quiso creer el Albacete, pero las piernas no le dejaron. Tampoco el Mallorca, que le hizo correr más de lo que deseaba. Debió empatar el equipo rojillo, que tuvo opciones de todos los colores, una peinada de Pedraza, un testarazo de Valjent, dos combas de Dani Rodríguez y Sastre, un cabezazo desde el punto de penalti de Salva Sevilla o uno último de Pedraza que sacó Tomeu Nadal sobre la línea.

Tanto perdón pudo convertirse en pecado. Al Albacete le costaba llegar a zonas de remate, incluso por acumulación. Pero se entregó a un final a cara o cruz. Tiró la moneda y le pudo salir de cara si Zozulia atina un remate en boca de gol o Reina no saca con sus dedos un ajustado intento de Eugeni. Contuvo la respiración hasta el final el Mallorca, hasta que Rei Manaj no fue capaz de levantar sobre la barrera un libre directo en la última acción del partido. Y festejó. Como para no hacerlo cuando se viene de Segunda B y el ascenso a Primera está a dos partidos. El Mallorca se ha ganado el derecho a soñar.