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Canciones de amor para resucitar a unas ruinas

Diario- Manuel Morales 15/07/2019
Un recital de la soprano Raquel Andueza en el monasterio vallisoletano de la Armedilla llama a conservar un Bien de Interés Cultural cuya historia arranca en el siglo XII
 

Pasear entre las ruinas de un antiguo monasterio, con sus muros devorados por los siglos, los hierbajos y el desprecio humano, invita a la melancolía. Sin embargo, si entre esas piedras se celebra un concierto como el de la soprano navarra Raquel Andueza, al aire libre, ante 500 personas y entre los restos del conjunto monacal de la Armedilla, a tres kilómetros de la localidad vallisoletana de Cogeces del Monte, el espíritu recobra el ánimo. En ese estado esperanzador se mueven los vecinos y foráneos que forman la Asociación de Amigos del Monasterio de la Armedilla, nacida en 2017, que lucha para llamar la atención de los poderes públicos a fin de evitar que este patrimonio histórico, que arranca en el siglo XII, se desvanezca. Con un recital de algo más de una hora, en el que interpretó canciones de amor y desamor de Barbara Strozzi, compositora veneciana del siglo XVII, Andueza quiso "poner un granito de arena para que este lugar reciba más apoyos".

El origen de la Armedilla estuvo "en una cueva-ermita en la que había una talla románica de una virgen con fama de milagrosa", explica Consuelo Escribano, presidenta de la asociación. Con la creciente llegada de peregrinos, se levantaron varias dependencias que los acogiesen. Un trasiego que llevó, a comienzos del siglo XV, al infante Fernando de Antequera, futuro rey de Aragón, "a invitar a unos monjes jerónimos para que construyeran un monasterio", añade Escribano. El esplendor de este lugar de paso para pastores con su ganado, de peregrinos y dinero propició que en el siglo XVI se levantase a unos metros una gran iglesia, tardogótica. "Tanto devoto perturbaba la vida monacal".

La siguiente página en la historia del monasterio es la de tantos otros en España. La decadencia por el descenso de vocaciones y la puntilla con la desamortización de Mendizábal, en 1836. "Ahí comenzó una diáspora de sus bienes y lo que quedó se convirtió en cantera", apunta Escribano. Hasta que, en 1920, la visita de un enviado gubernamental alertó del desastre. Se cerró la cantera, pero no se obró para detener el deterioro. El movimiento vecinal logró en 2007 que fuera declarado Bien de Interés Cultural y en 2017 nació la asociación de la Armedilla, que ha logrado que la Junta de Castilla y León ponga dinero para distintas actuaciones. "Acabamos de entregar un plan al Gobierno regional para que en la próxima década se acometan tareas prioritarias", agrega Escribano.

Mientras se despachan esos papeles, la asociación intenta insuflar aire a las ruinas con visitas guiadas, teatralizaciones y actividades como la actuación de Andueza, que estuvo acompañada a la tiorba por Jesús Fernández. Este recital pertenece al ciclo Las piedras cantan, que organiza la Fundación Santa María la Real del Patrimonio Histórico desde 2000 y que cuenta con la financiación de la Fundación Banco Sabadell. El ciclo ha ofrecido conciertos en el Hospital del Rey (Burgos), donde actuaron Susana Pérez y el Cover Club; la Casa Botines, de León, en la que sonó la voz de Sheila Blanco, y la Armedilla, con Raquel Andueza.

Protagonismo femenino en esta edición. "Las mujeres tenemos mucho que contar y en numerosas ocasiones han pasado desapercibidas en la historia", señala Lucía Garrote, coordinadora de Las piedras cantan. El espíritu que mueve cada verano esta iniciativa en Castilla y León es, añade, "llevar la música a lugares restaurados o que necesiten una actuación y que participen jóvenes talentos o artistas de calidad".

A esta categoría pertenece Andueza, a la que le atrajo la invitación "a cantar en un enclave especial", entre piedras, chopos, olmos y robles. Eligió canciones de Barbara Strozzi por ser "un talento poco conocido, soprano, compositora de cantatas, que tocaba el clavecín y pudo vivir de su arte en una sociedad tan masculina. Además, se cumplen 400 años de su nacimiento". Andueza, que ha actuado en grandes festivales y auditorios de todo el mundo, vivió su particular amenaza de ruina hace dos años, cuando perdió la voz tras un accidente de tráfico que le giró la laringe. "Creí que era el fin de mi carrera". Sin embargo, encontró una doctora que se la recolocó "y dos profesoras maravillosas en Italia" que le enseñaron a cantar de nuevo.

Ayer domingo, brotaron de esa garganta crueles señoras, hombres desesperados, venganzas por despecho, amantes secretos… "música fresca para una tarde de verano", dijo, a la que en algunos momentos se unieron gorriones y golondrinas, un concierto de sonidos conmovedores que resucitarían a una piedra.