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Melodrama sin carga histórica

Diario- Javier Ocaña 17/07/2019
La participación de Turquía con 5.000 soldados en la Guerra de Corea podría ser hoy una gran desconocida para la inmensa mayoría de la gente
 

Tras una cumbre celebrada en Singapur en el mes de junio de 2018 entre Kim Jong-un, líder de Corea del Norte, y Donald Trump, presidente de Estados Unidos, una de las primeras consecuencias fue el inicio del proceso de devolución mutua de los restos de los soldados muertos, e identificados, en la Guerra de Corea, entre 1950 y 1953, incluyendo los de los países aliados de EE UU y Corea del Sur en el conflicto bélico. Entre ellos, Turquía.

La participación del país otomano con 5.000 soldados en la Guerra de Corea podría ser hoy una gran desconocida para la inmensa mayoría de la gente, al menos en España e incluso puede que también en las nuevas generaciones turcas, de ahí que el estreno de Ayla: La hija de la guerra pueda alentar, en principio, los deseos de conocimiento de cierto espectador con inquietudes históricas y políticas. ¿Qué pintaba Turquía, como también Colombia, otro de los aliados, en una guerra como aquella? Sin embargo, Can Ulkay, director del evento, gran éxito comercial en su país, prefiere el melodrama añejo de connotaciones humanas al documento histórico de carácter didáctico.

Por el tipo de puesta en escena, los decorados, los colores, la fotografía, el vestuario e incluso las interpretaciones, la presentación de personajes, aún ambientada en Turquía, hacen pensar en telenovelas españolas como Amar en Tiempos revueltos y El secreto de Puente Viejo. Más tarde, ya en Corea, y a pesar del esfuerzo de producción en las secuencias bélicas, la película parece llegar 30 años tarde en lo formal. Superficialidad, blandenguería alrededor de la niña protagonista, una coreana huérfana que es cuidada por un soldado otomano, y una dirección en la que se acumulan las cámaras lentas en los lugares más obvios y clichés de realización como el plano cenital justo en el momento trágico.

Basada en una historia real, Ayla: La hija de la guerra apunta a película de espíritu más grande que la vida, pero, pese a la curiosidad de abordar la mítica visita de apoyo de Marilyn Monroe a las tropas aliadas, nunca conmueve y mucho menos satisface esas iniciales ansias de conocimiento histórico-político.