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Jon Rahm vive el Open en un hoyo

Diario- Juan Morenilla 19/07/2019
El vasco sufre un doble bogey de inicio pero remonta y con -4 en el total está a cuatro golpes de los líderes. Sergio García, -1
 

La esencia del Open Británico puede estar en un hoyo. Para bien o para mal. Jon Rahm respiró ese aroma del grande británico en el segundo hoyo de la segunda jornada este viernes. Un par cinco que aparecía como una jugosa oportunidad de birdie se le volvió en contra al golfista vasco y acabó convertida en un doloroso doble bogey. Un patinazo que le obligó a remar y remar, apretar los dientes, y remontar hasta firmar una tarjeta de -1 en el día y -4 en total, 12º a cuatro de los líderes, J.B. Holmes y Shane Lowry (-8), a tres de Fleetwood y Westwood (-7), y con peces gordos como Justin Rose (-6) y Brooks Koepka y Jordan Spieth (-5) en el ajo. Hay partida todavía para Rahm.

Qué ovaciones se lleva el español, que más que de Barrika parece un chico de Portrush por cómo le acoge la grada. A la muchachada norirlandesa les debió de doler la trampa del hoyo 2 tanto como a Rahm. Su segundo golpe cayó en el peor sitio posible, a la izquierda de bandera y por detrás de una pequeña loma cuesta arriba. Rahm pateó, la bola rodó suave y cuando parecía que pasaría al otro lado, cayó y volvió incluso más alejada que antes. Cambio de estrategia, chip en lugar de putt, pero igual resultado. La bola burlona otra vez a sus pies. Dos veces había subido por la montañita y dos veces había bajado. Eso era el Open, ese hoyo, esa bola. Había querido buscar el birdie Rahm, arriesgar, ser valiente, ser Seve, y el todo o nada le salió torcido.

"¡Vaya hoyo, madre mía! Acabó la bola justo donde no quería. Quería mandarla dos o tres metros  más lejos de bandera. Fue un doble estúpido de los que duelen, aunque sabía que podía remontar", admitió. Y a eso se lanzó.

La fortaleza de los campeones se ve cuesta arriba, y con el siguiente golpe, la salida del par tres del hoyo 3, el vasco ya se cocinó un birdie con el que lamer un poco las heridas. Siguió concediéndose el español buenas opciones de recortar distancias, impulsado por un magnífico juego desde el tee con el que no perdía ni una calle (perfecto en los nueve primeros hoyos, mucho más fallón en las salidas en los segundos, con seis desvíos). Le faltó dar la puntilla con los putts: tres necesitó en el 5 tras llegar salvaje a green con el driver, otro falló en el 6, y lo pagó un poste al que arreó un puñetazo liberador, y otro en el 7, de nuevo un par cinco que dejaba escapar.

Toda esa adrenalina la soltó Rahm con un voleón sideral en el 9. Toda la rabia descargada por el hombretón en un misil tierra-aire. Con putt de birdie cerró la primera vuelta de los sufrimientos con energía renovada, y en el segundo tramo aprovechó, ahora sí, el par cinco del 12 con un soberbio tercer golpe desde la calle después de irse al rough. Ese -4 le deja vivito y coleando. "Empecé mal, pero luego me dejé birdies, y después de ese mal comienzo, todo lo que sea bajo par es bueno. Estoy jugando bien, y lo sé. Quitando el 2 y hasta el 16 no he tenido un putt que tuviera que salvar, no he fallado ningún green, y he tenido opciones", analizó Rahm. "Se complicaron las cosas al principio, pero me he mantenido calmado, con la mente estable, concentrado. Se trataba no de ser demasiado agresivo después, no forzar. No precipitarme era lo más importante. Debía seguir golpe a golpe".

El Open no se gana hasta el último día. Antes solo se puede perder. Lección aprendida.

Rahm, que este sábado jugará junto a Patrick Reed, había disfrutado de las mejores condiciones del campo. Viento parado y ni una gota de lluvia. El cielo se oscureció en el turno de tarde, una plaza en la que tuvo que torear Sergio García. Al Niño le salieron uno de esos días incómodos en los que al mal tiempo le cuesta poner buena cara. Tres bogeys seguidos en el primer tramo (de los hoyos 3 al 5) le retrasaron al vagón de cola. "No he estado fino", admitió el castellonense, todavía sin esa regularidad para enlazar cuatro buenas rondas en un grande: +2 en el día, -1 en la general.

Rahm y García fueron los únicos supervivientes de la pequeña armada que desembarcó en Portrush. Otaegui (+3), Cabrera (+6), Campillo (+7), Arnaus (+8) y Jiménez (+13) hicieron las maletas.

La jornada se cerró con Rory McIlroy dando brazadas hasta caer ahogado en la orilla. El norirlandés comenzó el día con +8, a un mundo del corte, pero fue trepando posiciones y en una segunda vuelta de fábula, con cinco birdies y el público empujando, persiguió la proeza. Arriesgando en busca de la bandera, en el 18 mandó la bola fuera de green. Así terminó con -6 el día (la mejor en Portrush), una diferencia de 14 golpes respeto a la ronda del jueves. Con +2 en la general, quedó fuera, pero entre aplausos del público y de sus compañeros por el intento de machada.

Clasificación completa del Open Británico.

Emparejamientos del sábado.

Tv: este sábado a partir de las 9.00 en Movistar Golf.