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Alaphilippe: "Podía seguir líder, pero no quería ser pretencioso"

Diario- J. A. Ezquerro 19/07/2019
El francés, todavía más líder en la general, ya no se descarta de la pelea por la general: "El Tourmalet será distinto, ojalá siga vestido de amarillo".
 

El Decenunick se hospedaba en el Qualys Hôtel de Gramont de Pau, cuya entrada principal daba a parte del recorrido de la contrarreloj. Los auxiliares, técnicos y compañeros de Julian Alaphilippe comprobaron tras las vallas y desde los balcones cómo el maillot amarillo se dirigía como una bala a por su segundo triunfo en este Tour. "¡Allez, Loulou!", le gritaron. Después de que cruzara la línea de meta, descorcharon champán y comenzaron a festejar. El equipo belga lleva tres victorias, dos de Alaphilippe y una de Viviani. También empiezan a creer en que su líder quizá deba aspirar a algo más con Geraint Thomas a 1:26 en la general.

Thomas, superado por 14 segundos en la crono, lo dijo nada más ver el derrape de Alaphilippe: "Si continúa a este nivel, será el campeón en París. Ahora mismo tiene las mejores piernas de este Tour". El galés, defensor del título, no esperaba un rendimiento así del francés: "Confieso que me sorprendió. En mi caso, me moví en los márgenes habituales. Conseguí importantes diferencias sobre los adversarios y la carta de Bernal permanece activa. Lo único que no nos cuadró dentro del plan: la locura de etapa que se marcó Alaphilippe. Con la situación actual, no queda más remedio que pasar al ataque. Confío en mis chicos del Ineos".

Alaphilippe, pichichi de la temporada con doce dianas, se quitó presión en cada rueda de prensa anterior. Sin embargo, esta vez se mostró exultante por el resultado logrado en Pau: "No deseaba parecer un tipo pretencioso, pero sabía que conservaría el liderato. Arriesgué, competí muy a bloque… e indudablemente motivado por los aficionados que me animaron en el reconocimiento del trazado. ¿Cómo no corresponder con mi esfuerzo a tantos niños que me aclamaban? Ni siquiera escuchaba las órdenes de los directores por el alboroto".

En el día en el que se celebraban los 100 años del maillot jaune, Alaphilippe exacerbó el sentimiento patriótico de sus paisanos y se anotó la tercera contrarreloj de su trayectoria (tras una en la París-Niza de 2017 y otra en la Vuelta a San Juan de 2019). Poco a poco supera los test que se le presentan: el de la crono por escuadras, el de La Planche des Belles Filles, el del viento y los abanicos, y el de la contrarreloj individual. Tras todos ellos, sin excepción, se descartó de la lucha por el cajón.

Aún le falta la prueba de la alta montaña: una hora de ascensión al límite en un puerto como el Tourmalet. Y en esta ocasión no se borró: "¡Habrá que echarle huevos! Igual que hasta la fecha. Se tratará de una jornada absolutamente distinta. Además, Enric Mas se encuentra cuarto, cerca de mí como guardaespaldas. Aunque me atacarán y no disponemos de un grupo de escaladores para defendernos, quiero seguir vestido de amarillo. Lucir el jersey en el Tourmalet ya supondrá un sueño alcanzado".